12 de June de 2010 00:00

La Bienal de Cuenca

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Alexandra Kennedy-Troya

La Bienal de Cuenca lleva ya un largo camino recorrido. Más de 20 años en función. Es la cita internacional más destacada del país y la que de alguna manera ha logrado que Ecuador también esté presente en el concierto internacional de las artes contemporáneas. A pesar de ello, como lo he manifestado en sendas ocasiones, no logra perfilarse con identidad propia. Cada edición o dos se intentan nuevas formas de curaduría, nuevos temas, la inclusión de otros medios artísticos, se enfrentan unos grupos interesados contra otros. Se lanzan siempre nuevos globos de ensayo.

Ahora ha pasado a ser Fundación Municipal con estatutos por estrenar. La casa de la Bienal, sede recientemente restaurada, está en entredicho; la nueva administración no cree en que el evento debe ocupar todo un espacio patrimonial. La última Bienal fue tan pobre y tan mal montada en ciertos lugares inadecuados de la ciudad, que dejó a propios y a ajenos con un muy mal sabor. Desafortunadamente, el último director René Cardoso fue maltratado por la nueva administración, se llegó a insinuar actos de corrupción, nunca le dieron el debido reconocimiento a quien por muchos años y ediciones ha sabido trabajar con dedicación y pulcritud. Sí, era hora de cambiar pero no de esta manera.

Hace pocas semanas algunos historiadores y críticos del arte, artistas y gestores culturales de la localidad fueron convocados por el Director de Cultura de la Municipalidad de Cuenca -Diego Carrasco- a presentar carpetas para armar una terna de entre la cual el Concejo Cantonal pudiese elegir al director ejecutivo. Sorpresivamente, el convocador resultó ser el elegido. Carrasco, un hombre vinculado con el teatro, había iniciado una reestructuración necesaria de la Dirección, que ahora queda a medias. Quienes entregaron sus carpetas, la ciudadanía en general, deberían conocer con exactitud por qué ninguno de los invitados cumplió con los requisitos.

Al parecer, tampoco estaba claro el perfil que se requería para la dirección ejecutiva. Es posible que hubo una confusión en la misma convocatoria puesto que los invitados más bien podrían ser candidatos a los cargos de próxima nominación, de coordinación artística y curaduría. Es de desear que se rectifique esta forma de hacer las cosas y que para estos nuevos cargos el proceso sea transparente.

Deseamos que finalmente la Bienal de Cuenca se institucionalice de manera sólida y que gane un lugar permanente y serio a nivel internacional. El “borre y va de nuevo” es inaceptable.

Que los nuevos organizadores se empapen de la historia del evento y que en base a un serio proceso de evaluación se lleve a cabo otro de propuestas para un mejor hacer. Es fundamental invitar un equipo de profesionales y ponerse manos a la obra. No tenemos más tiempo para perder.

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