29 de April de 2010 00:00

¿Quién es Bernardo Acosta?

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Ivonne Guzmán

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La primera vez que supe de él fue abordo de un avión, cuando leí su columna titulada ‘Las secuelas del ego’, publicada en este Diario. Qué bien este ‘viejito’, pensé, seguramente pasé la página, e inmediatamente olvidé su nombre.

A las pocas semanas, Bernardo Acosta llegó una tarde de verano madrileño a mi ‘in box’. No lo recordé; en ese momento su nombre era solo el de un lector más, muy amigable, que me escribía haciéndome saber que coincidía plenamente con una columna mía que hablaba de lo que había visto durante las vacaciones: ‘Europa, ya es demasiado tarde’. Ahí supe que él vivía en el Viejo Continente. Cerré el correo y volví a olvidarlo (sin saber que lo hacía por segunda vez).

En menos de 24 horas volví a tener noticias de él. Había un artículo suyo en este Diario: ‘Los Albertos Acosta’. Leí con atención su columna y caí en cuenta de que ese lector del día anterior era también un columnista, como yo; entré al buscador del Diario y supe que, además, ese columnista era el señor inteligente y versado en temas económicos, de los cuales escribía con la solvencia de quien ha sido testigo de primera mano.

Entonces algo no calzaba; ¿quién era Bernardo Acosta: el viejito versado en economía o el joven amigable que me había escrito? Con el tiempo he llegado a saber que se trata de los dos al mismo tiempo y de muchas cosas más.

Por ejemplo, Bernardo Acosta es un economista con alma de periodista (quizá ni él mismo lo sepa). Excelente entrevistador solo a fuerza de la gran curiosidad que le producen el mundo y las personas; sin entrenamiento formal, logra transformar una conversación en una deliciosa entrevista.

Y es también escritor. Va despacio, y entre café y café saborea las palabras y la puntuación, en lucha perpetua con las traducciones literales que hace del inglés -el idioma en el que aprendió su oficio-. Todavía no ha publicado un libro, pero lo está escribiendo, todo el tiempo, incluso cuando no está sentado frente a la computadora de su oficina diminuta -con vista al valle de Tumbaco-.

Digamos que es un escritor 24/7; no es raro que un día salga de la cama a las cuatro de la mañana para estar con su libro; ni que en medio de un almuerzo familiar diga ‘hasta luego’ de repente, porque debe escribir su libro, porque solo piensa en eso...

Pero, sobre todo, Bernardo Acosta es un lector de columnas de opinión. No solo las lee, sino que las disfruta, las puede hasta subrayar o recortar; sabe casi de memoria quién publica qué día, en qué diario. Y siempre quiso tener una columna propia; la tuvo, la amó, a veces la padeció, pero más que nada la disfrutó. Hoy la deja, ojalá por poco tiempo.

Entre tanto, espero seguir encontrando respuestas a la pregunta inicial ¿quién es Bernardo Acosta? Lo primero que se me viene a la cabeza es: un columnista al que ya no podré olvidar.

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