Benjamín Rosales

Soberana soberbia

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Había considerado en estas fechas en que debemos hablar de paz y amor, escribir sobre virtudes cristianas de dos amigos recientemente fallecidos. El uno, Enrique Boloña Mármol, reconocido pediatra que siempre estaba listo a dar buenos consejos, llenos de sabiduría y fe. El otro, Stanley Wrigth Roggiero, a quien pude ver en la última década, trabajar en el voluntariado social con humildad y responsabilidad sirviendo a los ciudadanos más necesitados. Ayudada al prójimo sin afán de reconocimiento alguno. Un hombre a quien nunca oí hablar mal, u ofender, a nadie. Vidas dignas que se deben resaltar.

Pensé hacerlo, y evitar referirme a las mentecatas expresiones discriminatorias del presidente Correa contra la vicealcaldesa guayaquileña Doménica Tabachi, sobre todo porque luego de estas ha habido magníficos comentarios sobre este exabrupto del Mandatario, como los de José Ayala, Alfonso Espinosa e Iván Sandoval, entre otros, y no es necesario abundar. Debieron ser lecciones asimiladas, pero el Presidente no admitió, sino que justificó el dislate en la sabatina siguiente. ¡Qué pena! Admitir errores y pedir disculpas es propio de sabios y prudentes, cualidades que deben cultivar los gobernantes.

Más grave aún, por las consecuencias que pudieran afectar al Ecuador, son las agresivas declaraciones del canciller Patiño contra autoridades alemanas, las que han sido plenamente respaldadas por Correa, el 20 de diciembre. El Gobierno se siente ofendido porque parlamentarios de Alemania quieran visitar los nuevos campos petroleros en el Yasuní, y ha reaccionado airadamente rechazando la cooperación ambiental de ese país, y ofreciendo, sarcásticamente, darles un curso de soberanía y derecho internacional. Este desplante sucede cuando Ecuador necesita que sus productos ingresen sin desventajas al gran mercado de la Unión Europea. ¡Insólito! Mientras buscamos inversiones que nos ayuden a sobreponer la crisis por la baja del petróleo, ofendemos a tradicionales aliados.

¡Es difícil encontrar sentido en esta postura! ¿Acaso hay algo que esconder en los trabajos extractivos en el Yasuní? El Presidente afirmó cuando justificó la explotación en la zona, y muchos le creímos, que esta se haría utilizando técnicas modernas que disminuyan riesgos sobre el biodiverso y hermoso territorio. ¿No es lógico que periodistas además de expertos y políticos internacionales, algunos que incluso apoyaron la iniciativa de mantener la región libre de explotación, se interesen en su preservación? Ecuador tiene derecho a explotar la riqueza minera o petrolera de su territorio, pero es obligación del gobierno velar para que se lo haga sin destruir la naturaleza. ¡No hay que ofenderse si otros buscan lo mismo! La soberbia es mala consejera, aplicada en diplomacia y relaciones internacionales puede acarrear graves y costosas consecuencias para todo un pueblo.