Gonzalo Maldonado

La bendición de la pobreza

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Los repetidos intentos de la OPEP por subir el precio del crudo por encima de los 50 dólares parecen condenados al fracaso. Si durante la semana que viene se acordara un recorte de la producción es probable que ese acuerdo no dure mucho porque empezarán a bombear petróleo quienes antes habían salido del mercado, cuando el precio del crudo les resultaba demasiado bajo.

Los desafíos económicos de la sociedad ecuatoriana serán más exigentes si el precio del barril no logra despuntar. Pero también tendremos una oportunidad única: la de consolidar nuestra democracia.

En The Future of Freedom, Fareed Zakaria afirma que los países petroleros tienden a incubar regímenes autoritarios, en vez de democráticos. Los ejemplos abundan y no parecen estar condicionados por factores geográficos o culturales: las monarquías del Medio Oriente son tan autoritarias, como el régimen petrolero de Nigeria, en África, o tan autócratas como en su momento lo fue el régimen unipartidista mexicano, que se consolidó al amparo de la industria petrolera desde los días de Lázaro Cárdenas, y que Vargas Llosa llamó la “dictadura perfecta”.

¿Por qué el petróleo puede fomentar regímenes autoritarios en vez de democráticos? Autores como Juan Linz y Alfred Stepan han dicho que una de las condiciones necesarias para la democratización de cualquier sociedad es la existencia de una sociedad civil fuerte que sirva de contrapeso al siempre omnímodo poder estatal.

Pues bien, resulta que el petróleo o, en su defecto, cualquier fenómeno económico que genere masivos ingresos públicos, provoca un crecimiento desproporcionado del Estado y atrofia el desarrollo de la sociedad civil.

Esta situación es evidente en sociedades como la kuwaití, donde la sociedad civil no participa en la vida pública porque cualquier discrepancia con el Estado es inmediatamente resuelta por la mano dadivosa del monarca, que no solo corre con los gastos personales de sus súbditos, sino que también les exime del pagar impuestos.

Este no es el caso ecuatoriano, ciertamente. La crisis que vivimos se debe, precisamente, al desfallecimiento de la economía petrolera que, a su vez, dará lugar a una redefinición de los roles del Estado y de la sociedad civil en Ecuador. Por ejemplo, el nuevo Gobierno no podrá, como antes, ofrecer un puesto público a cualquiera que necesite trabajar y solo tendrá que subsidiar a quienes verdaderamente lo necesiten.

Administrar bien los dineros públicos será indispensable, no solo porque habrá menos plata, sino también porque sabremos que esos recursos provendrán cada vez más de nuestros bolsillos y cada vez menos del mercado petrolero externo. Con una pizca de humor, Zakaria llama a este civismo renovado la bendición de la pobreza.

@GFMABest