Jorge Ribadeneira

Los bancos y las anécdotas

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 2
Triste 1
Indiferente 6
Sorprendido 3
Contento 16

Los temas bancarios están reservados -nos parece- a los periodistas de la sección Economía y, por cierto, a los economistas propiamente dichos.

Nuestra experiencia es limitada,por cierto. Unos depósitos moderados y unos pequeños préstamos. Pero tengo en mi haber un libro escrito allá por 1991. Se titula ‘Sueño cumplido’ y es nada menos que la historia anecdótica del Banco Pichincha, que cumplía 85 años. Fue escrito por pedido del gerente del susodicho banco, don Jaime Acosta Velasco.

Con la anotación de que su padre, Alberto Acosta Soberón, fue el gran gerente desde 1928 hasta 1972, es decir 44 años. Su hijo Jaime le reemplazaba durante 19 años y serían muchos más.


¿Por qué fui escogido para ser el autor de es ese libro histórico y bancario? Porque un día publiqué un par de anécdotas sobre el famoso cinco veces presidente Velasco Ibarra y le gustaron mucho a don Jaime, un sobrino que idolatraba al ‘Profeta’.

“Deseo un libro sobre el Banco del Pichincha, pero con muchas anécdotas”, fue el pedido. Me gustó la idea y manos a la obra y también me agradó enterarme de que el prestigio y el avance de esa institución bancaria se debían a la justa fama de honradez absoluta que rodeaba a los Acosta, padre e hijo.

El libro cuenta, entre otras cosas, que un español, radicado en Guayaquil, Manuel Antonio Luzárraga -un grumete que abandonó su barco- fue el primer banquero del Ecuador, allá por 1859. El “banco de Luzárraga” emitió billetes con la imagen del fundador. Él hizo, además, varios otros negocios y fue a terminar su vida en su Bilbao nativa, recordando a un Ecuador que le llenó los bolsillos de oro.


En Quito, los primeros bancos fueron el Banco de Quito, nacido en 1869 con 100 000 pesos de capital (el banco de Luzárraga comenzó con 1 millón) y se le dio por “muerto” en 1869 por falta de fondos. 
El segundo fue el Banco de la Unión, que inició su vida con 300 000 pesos y se vio obligado a prestar 100 000 al gobierno del jefe supremo general Ignacio de Veintemilla. Desfalleció en 1895, cuando nacía en Guayaquil el gran banco Comercial y Agrícola, que hizo historia en el Ecuador.

Seguiremos contando algún día anécdotas y una que otra historia bancarias para anotar hoy que, una vez más -o mejor dicho como siempre- buena parte de las miradas nacionales están puestas en los bancos.

Claro, si allí están depositadas las platas de buena parte de los ecuatorianos, aunque dicen que unos tantos billetes yacen en el ‘Colchón Bank’ o en el extranjero. Pero menos mal que las últimas declaraciones han sido emitidas con buen tono. César Robalino, el jefe de los bancos, sostuvo que “el sistema bancario está solvente y tiene suficientes recursos de solidez. Pero preparándose para enfrentar las dificultades económicas por las que atraviesa el país.

El Gobierno debe permitir a los bancos mejorar sus reservas”. Y se anunció que los bancos tuvieron ganancias.
Antes hubo la declaración de que los bancos habían disminuido prudentemente sus créditos y -talvez por vez primera- el Jefe Correa elogió una acción de los bancos.