Juan Esteban Constaín

No todo en balde

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29 de agosto de 2014 00:00

Debo decir que al principio, y hasta hace apenas un par de horas, el tal reto del balde de hielo me parecía una moda inútil y grotesca: una pura recocha de balneario, o una versión universal de ese ‘día del agua’ que se celebra en algunas ciudades de Colombia y en el que la gente se vuelca a las calles a renovar el placer prehistórico y desfachatado de mojarse, solo que ahora a nombre de una penosa enfermedad.

Ustedes ya lo habrán visto todo este mes en redes sociales: le aparece a uno un video de un famoso o de un amigo en sudadera o en pantaloneta “aceptando el reto”, y retando luego a otros tres amigos para que hagan lo mismo. Entonces, por mano propia o ajena, aunque casi siempre ajena para aumentar la emoción, le cae al protagonista de la escena un baldazo de agua fría. Con risas, gritos y temblores.

Es El reto del balde de agua helada: una iniciativa benéfica cuyo origen y cuyos antecedentes se disputan varias causas y ciudades en los Estados Unidos, y que se volvió viral en Internet desde finales de julio de este año a causa de la lucha contra la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa y poco común que cada año afecta en el mundo, según la página médica www.webmed.com, a una o dos personas entre cien mil.

Así que nadie sabe muy bien cómo ni cuándo empezó esta locura colectiva que nos tiene a todos echándonos agua en la cabeza con un balde, porque desde hace meses ya varias causas humanitarias o animales habían inaugurado el mismo juego en cadena de nominaciones y donaciones para recaudar fondos.Luego leí una noticia muy diciente: en Colombia se han recaudado apenas 50 mil pesos por no sé cuántos miles de litros de agua lanzados al aire.

Entonces me senté a escribir esta columna que pretendía ser una crítica al reto del balde, pero al hacerlo hubo varias cosas que me hicieron cambiar de opinión, o por lo menos matizar la que tenía. La primera, que la campaña ha sido un éxito arrollador a nivel mundial, tanto en términos económicos como de difusión. La segunda, que también se han hecho varios videos brillantes y memorables, como el de Charlie Sheen o el de Stephen Hawking, o el de una mamá hispana en EE.UU. que se niega a participar. Solo falta que el papa Francisco acepte el reto de Shakira.

Y la tercera, que recordé una aleccionadora anécdota que le oí a Bernardo Romero Pereiro de cuando dirigía la novela Un largo camino, y hubo la escena de un diálogo, en una larga mesa llena de jornaleros, entre Julio César Luna y Fabio Camero. Entonces uno de los extras quiso salirse del libreto y saltar por fin a la fama, y se paró en medio de la transmisión (era en vivo y en directo) y emitió un grito desgarrador y luego se echó encima un baldazo de sopa.

Nadie le advirtió al pobre que las cámaras apuntaban solo a la cara de los dos protagonistas y que la celebridad no viene en balde o se la lleva el agua.