Milton Luna

Bachillerato unificado

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4 de June de 2011 00:02

Hay buenas intenciones e ideas en el Ministerio de Educación (ME) respecto a la reforma del bachillerato. Impulsar su cambio es un acierto. El actual no va más. Aporta poco a los jóvenes para su ingreso a la universidad o para su inserción en el mundo laboral.

Buena parte de la propuesta conceptual de la reforma es interesante. Apuntar a la formación integral de los chicos, concebirlos como sujetos del aprendizaje, brindarles un bachillerato general unificado (BGU) con un tronco común de materias, para que en el tercer año opten por una especialización sea en ciencias o en técnicas, es una forma de poner en vigencia la calidad y equidad en la educación: el Estado a través de la escuela abriría una amplia gama de oportunidades para la formación y realización de las personas.

Sin embargo, una idea tan ambiciosa requiere de una ingeniería operativa altamente compleja que implica tiempo, preparación, debate y no solo una reforma curricular sino una transformación educativa global, social y territorial. La vieja escuela, encerrada en sí misma, por más cambios que haga, con los mismos maestros hiper capacitados o con nuevos cargados de maestrías o PhD y con mallas curriculares ingeniosas y posmodernas no puede enfrentar sola la múltiple oferta educativa que demanda la formación integral y flexible que plantea la propuesta del BGU. Se requiere de una escuela abierta en total alianza con el territorio y sus diversos actores y espacios de formación para el arte, deporte, cultura, ciencia, artesanía, industria, comercio, servicios. Uno de esos aliados claves son los gobiernos locales responsables del desarrollo local.

Siendo así, estaríamos ante una provocadora alternativa de realización de la sociedad educadora y de una transformación educativa, social, territorial y estatal frente a la cual la propuesta del ME tendría que ser ajustada sustantivamente hacia la construcción de una escuela abierta que dialogue con el territorio; directivos y docentes con liderazgo y alta formación académica; actores locales capacitados y motivados, municipios proactivos que asuman mayores responsabilidades en la política educativa, para lo cual se requiere de cambios puntuales en la Constitución y en la Ley de Educación recientemente aprobada.

Bajo este enfoque, por más rectificaciones epidérmicas que se hagan al presente proyecto de BGU, incluso incorporando las ideas de los más crudos críticos, se perdería la oportunidad de realizar una revolución.

El BGU no está listo para arrancar en septiembre. Ni las instituciones ni los profesores están preparados. Incluso los estándares educativos están en camino. De hacerlo es un salto al vacío con graves consecuencias sobre todo para los estudiantes. La repercusión política para el ME sería grave y un proyecto interesante se quemaría.