Marco Arauz

Ayer Delgado, hoy Glas

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6 de January de 2013 00:02

Se quiere decir que fue el mismísimo Gobierno el que investigó la adulteración del título universitario por parte del ex funcionario Pedro Delgado. Si bien queda fuera de toda duda que quien indagó no fue el Fiscal, es fácil imaginar cuál habría sido el curso de los hechos si ese ‘pecado de juventud’ no era denunciado por el asambleísta Enrique Herrería e investigado por los medios, y si el Incae y la Universidad Católica no tenían la entereza de precisar el estatus académico de este personaje que pasó, por conveniencia política, de héroe a villano.

También se quiere capitalizar políticamente el retiro de la visa estadounidense a Delgado. Todavía hay que aclarar si en efecto Estados Unidos actuó por pedido ecuatoriano, o si solo se trata de otro anuncio a partir de hechos cumplidos, dentro de la lógica de revertir las situaciones.

Según esta estrategia, Delgado no hizo daño al país sino al Gobierno y al movimiento; el gobierno de Rafael Correa es el que pide cuentas y no las da; los medios no descubrieron la enorme farsa sino que el primo dio carroña a los buitres… ¿Qué convendrá más políticamente, que Delgado sea extraditado o se quede afuera? Habrá que ver.

En cuanto al presunto plagio del candidato vicepresidencial Jorge Glas, otro de los homenajeados por el poder político al que ha servido desde funciones estratégicas, el Presidente no ha dicho nada específicamente, lo cual querría decir que no tiene intenciones ni de investigar ni de sentenciar. El efecto político aún no se siente en las encuestas, y seguramente la intención inicial es que la denuncia caiga en el olvido.

A menos que la Fiscalía, contrariando su costumbre de quedarse callada cuando se trata de asuntos que pueden afectar al Gobierno, investigue. O que la institución universitaria cuyo modo de aprobar las tesis de grado está en cuestión, es decir la Escuela Politécnica del Litoral (Espol), vaya más allá de las tibias declaraciones iniciales, que contradicen el espíritu abierto, no defensivo, que debe caracterizar a la academia.

La Espol es una prestigiosa institución y ha sorteado bien, junto a un puñado de universidades, el estado de movilización permanente al que la educación superior ha sido sometida por el Gobierno en los últimos tiempos, precisamente en nombre de la excelencia. El mismo AP presume, y varias veces con razón, de contar con buenos cuadros académicos, e incluso ha pretendido encarnar la intelectualidad nacional, como fue notorio en la última feria internacional del libro.

Instituciones como la Espol saben que con sus acciones dan ejemplo, no solo a sus alumnos, sino a toda la sociedad. No debiera haber ningún temor de admitir y reparar públicamente un posible error de procedimiento, con todas sus consecuencias, como tuvo el valor de hacerlo el Incae en el caso de Delgado.