Mario Osava

Auge de la criminalidad agrava la crisis en Brasil

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Brasil sufre un auge de la violencia urbana que se suma a la recesión económica, al alto desempleo y el deterioro político.

Un gran aumento de homicidios y delitos con violencia, además de casos conmovedores, como los de bebes muertos por “balas perdidas”, uno de ellos aún en el útero de la madre, volvieron a destacar a Río de Janeiro como capital de la violencia, por su gran repercusión.

Las estadísticas oficiales, del Instituto de Seguridad Pública, registraron 2 723 homicidios dolosos en el primer semestre de 2017, 10,2 % más que en igual período del año pasado.
Pero el dato más revelador es el de los 581 supuestos criminales muertos por alegada resistencia a la Policía, un aumento de 45,3% sobre el primer semestre de 2016.

Aparentemente, la seguridad pública en Río de Janeiro volvió a la política de enfrentamientos e invasiones militares de comunidades, abandonando la de ocupación social que puso en marcha las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), que desde 2008 se implantaron en 38 favelas de la ciudad, alentando la esperanza de un exitoso combate al crimen organizado.

El índice local de homicidios, que había alcanzado el nivel de 46,7 por 100 000 habitantes en el año 2000, bajó a 20,4 por 100 000 en 2016, cuando volvió a crecer nuevamente, después de ocho años de fuerte reducción.

En cifras absolutas, este país con 207 millones de habitantes es el que tiene una mayor cantidad de asesinatos en el mundo, en una violencia que no modera el incremento de la población carcelaria. Brasil tenía en 2015 un total de 584 361 personas presas, más de un tercio sin condena judicial.

La corrupción en la política, que desató una ola de escándalos que ha desacreditado los poderes públicos desde 2014, con denuncias que incluyen a todos los líderes del parlamento, los partidos y el gobierno actual, “también contribuye a la violencia y crimen” tanto entre policiales como en la sociedad en general.