José Ayala Lasso

Assange y la no intervención

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La Canciller del Ecuador, el jueves pasado, recordó que la Carta de la ONU consagra el principio de no intervención en los asuntos internos de un Estado y, equivocadamente, dedujo que dicha norma tiene prelación sobre cualquiera otra. ¡Extravagante negación de la “doctrina Roldós” que la Ministra dijo respetar!

Si el silencio de la señora Espinosa frente a la tragedia que vive Venezuela obedeciera a su deseo de no intervenir en una crisis que preocupa a toda la humanidad, pero que la Canciller cree ser “asunto interno” de ese país, cabría preguntarle, ¿por qué mantiene refugiado en Londres y provisto de todas las facilidades, a quien, en contubernio con Rusia, intervino en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, sin recordarle ni sus deberes como asilado, ni la obligación de no interferir en uno de los asuntos más propios de la jurisdicción de un Estado, como es un proceso electoral? ¿Porqué se le permitió, impunemente, tomar partido en la política ecuatoriana cuando pretendió descalificar a un candidato presidencial?

Si la Ministra respondiera que de eso hay que responsabilizar al anterior Gobierno -al que ella también sirvió obsecuentemente- habría que exigirle que explique porqué sigue permitiendo a Assange intervenir, en estos días cruciales para el futuro de España, en apoyo explícito y público al referéndum independentista promovido por Cataluña para separarse de España. ¿No piensa que ese es un asunto interno de especial trascendencia?

La Canciller podría aducir que Assange actúa como un individuo y que tiene derechos humanos que hay que respetar. ¡Pero su deber primordial consiste en velar por la dignidad e intereses del Ecuador!

No contento el correísmo con habernos granjeado el malquerer de Gran Bretaña, Suecia, Australia y aún de los Estados Unidos, ¿busca ahora alejarnos de España? ¿Cuándo va a obtener que Assange respete los límites que el derecho internacional le impone por su condición de asilado? Assange ya ha recibido el agradecimiento del vicepresidente de Cataluña, a cuya disposición ha colocado sus indudables conocimientos técnicos en el manejo de redes sociales, para burlar las restricciones que Madrid ha puesto en vigencia, en relación con el problema catalán. ¿Espera la Canciller que España le haga llegar su descontento, incomodidad o protesta por las libertades que otorga para que Assange interfiera en uno de los más difíciles y graves de sus asuntos internos?

Esta sería una oportunidad para que la Canciller, actuando con sujeción al derecho internacional, ponga fin al asilo concedido a Assange y recupere la vocería soberana que detenta en Londres un extranjero que, inclusive, llegó a dar instrucciones a la diplomacia ecuatoriana para que proteja, desde Hong Kong a Moscú, a su colega Snowden.

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