León Roldós

Caballero de Honor

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Lo fue el doctor Raúl Clemente Huerta Rendón, que nació el 25 de febrero de 1915, 100 años atrás, y falleció el 4 de abril de 1991. Fue formado en el hogar de su tío carnal doctor Emilio Clemente Huerta, eminente jurista, profesor y exrector de la Universidad de Guayaquil, y de Colombia Alfaro Paredes de Huerta, hija del general Eloy Alfaro y de la señora Ana Paredes de Alfaro.

Ella ‘pre-avisó’ el riesgo de la tragedia del asesinato de Eloy Alfaro y sus compañeros de ideales en la Revolución Liberal, en mensaje al arzobispo de Quito, Federico González Suárez, el 27 de enero de 1912: “En medio de mi desesperación acudo a usted, como única áncora de salvación, para que se conserve la vida de mi idolatrado padre, a quien llevan a Quito como preso político. Espero que usted oirá esta suplica de una hija que en su impotencia de hacer algo a favor de su padre, no tiene otra esperanza que la del Todopoderoso...”.

El asesinato se produjo el 28 de enero, usando los del poder la movilización de la turba, para eludir su responsabilidad histórica.
¿Pudo hacer algo González Suárez?. Difícil saberlo. La soberbia del poder es de los peores venenos en una sociedad.
El doctor Raúl Clemente Huerta fue digno heredero de las virtudes y fortalezas –no económicas- de ese matrimonio.
Fue excelente maestro universitario y abogado.

Se desempeñó como Ministro de Tesoro del presidente Carlos Julio Arosemena Tola (1947–1948) en tiempos duros para la economía ecuatoriana, cuando impulsó -con el Presidente- el modelo de instituciones autónomas que, gobernadas con apoyo de la sociedad civil, dieron excelentes resultados: la Comisión de Tránsito del Guayas, la Liga Ecuatoriana Antituberculosa, de antes ya venía la Junta de Beneficencia de Guayaquil; luego vinieron el Comité de Vialidad, Solca, y más tarde la Autoridad Portuaria, superando el esquema centralista de acumulación del poder.

En 1956 fue candidato a la Presidencia de la República por el Frente Democrático. Velasco Ibarra, entonces presidente de la República, le declaró la guerra: “O el Frente me tritura a mí, o yo trituro al Frente”. Mientras más espacios de poder controle un gobernante, más preocupante es la posibilidad de comicios libres, porque solo el hecho de que se haga campaña desde el poder –a favor o en contra- resulta perverso para la democracia.

Fue poca la diferencia de los votos escrutados que lo distanciaron de Camilo Ponce, quien fue declarado triunfador. Ni amargura, ni rencor tuvieron espacio en su espíritu.

Siguió su lucha por la democracia; y cuando en 1968, pudo haberse ajustado resultados electorales que impidiesen que Velasco llegara a su quinta Presidencia, por errores formales en las actas, la voz de Huerta fue la de la democracia, para que no sea en los escrutinios que se altere la voluntad soberana.