Arturo Moscoso Moreno

Estructuras para delinquir

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Narran Luis de la Corte y Andrea Giménez en su libro “Crimen.org” que toda organización criminal tiene una estructura que les permite dividir, agrupar y coordinar las actividades de sus integrantes. Según Donald Cressey, citado por De la Corte y Giménez, la estructura de la mafia ítalo-estadounidense retrata un modelo de organización burocrático con un sistema de decisión jerárquico y centralizado, un código normativo severo y un líder que acapara la mayoría del poder, dicta las normas de comportamiento y sanciona a los que no las cumplen, generalmente con la muerte.

Existen también otras estructuras menos centralizadas, como las redes criminales que, de acuerdo con Joseph Albini, responden más a una relación patrón – cliente y que muchas organizaciones dedicadas al narcotráfico han adoptado, justamente porque la estructura burocrática y jerárquica genera sangrientas disputas cuando el líder de la banda desaparece.

Por ejemplo, en 1964, el líder de la familia mafiosa Bonanno, Joseph Bonanno, fue supuestamente secuestrado y no se supo de él por dos años. No están muy claros los motivos de su desaparición y si fue realmente un secuestro, pero ciertos problemas previos entre las familias mafiosas de Nueva York hacen creer que Bonanno se esfumó voluntariamente hasta que las aguas se calmasen.

Pero, cuando reapareció, Bonanno encontró a su familia fracturada en dos bandos, los que aún le eran leales y los que querían una “renovación”. Esta lucha por el poder generó una sangrienta guerra (narrada magistralmente por Gay Talese en su libro “Honrarás a tu padre”, inspirador de Los Sopranos), que terminó cuando Bonnano anunció su retiro, con la promesa de que si volvía, sería asesinado. Otro ejemplo: hace pocos meses murió Tito Riina, “capo di tutti capi” de la Cosa Nostra, lo que generó la necesidad de buscar un nuevo padrino para la mafia italiana, por lo que los expertos en ese país avisoran una cruenta lucha por ocupar su puesto.

Vemos entonces como, en la estructura burocrática para delinquir, la desaparición o debilidad del líder lleva a brutales enfrentamientos entre aquellos que se consideran más aptos o mejor calificados para dirigir el destino de la organización criminal.

Esta situación se da también cuando los gobernantes transforman al Estado en una estructura para delinquir y se lo gobierna como tal, con un líder controlador y acumulador de poder y con varios subalternos que se creen los elegidos para dirigirla cuando aquel de un paso al costado, lo que genera encarnizadas disputas, acusaciones y amenazas, como hemos podido ver en el Ecuador de los últimos días. A ponerle fin, de una buena vez, a este oprobioso modelo de gobierno deben encaminarse los esfuerzos del oficialismo y de la oposición.