Diego Pérez

Artículo mágico

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24 de March de 2013 00:03

¿Y si por arte de magia y luego de tanto tiempo (los siglos de los siglos) Ecuador por fin se cimentara como una República? ¿Y si, por encanto, se convirtieran todos los poderosos en demócratas de verdad? ¿Y si, por algún hechizo, cobrara vigencia práctica la posibilidad de que los ciudadanos pensemos y nos expresemos sin temor a las represalias del poder? ¿Qué tendría de malo instituir el principio de que la vida en común se basa en cuestiones elementales como la tolerancia, el respeto al derecho ajeno o la consideración hacia opiniones divergentes? ¿Qué tendría de riesgoso concebir que las unanimidades, las opiniones oficiales, las posturas estatales y el pensamiento oficial son (por definición) controvertibles? ¿Cuándo vamos a dejar de repetir, como ingenuos niños que se preparan a pie juntillas para la primera comunión, el catecismo nacional, sin reflexión, sin sentido crítico? ¿Y si, por algún artificio, un día de estos el poder se diera cuenta de que su objetivo debería ser servir a las personas y no al revés? ¿Y si un día de estos el Estado deja de asfixiarnos? ¿Y si, por virtud de algún conjuro, los dineros públicos se separaran de los dineros privados y existiera alguien que los controle (los dineros públicos, claro)? ¿Y si uno de estos días ser político se convirtiera en una profesión de prestigio y honorabilidad, seguiríamos entreteniéndonos? ¿Cómo hacemos para entender que la popularidad no necesariamente es sinónimo de democracia? ¿Cómo hacemos para entender que controlar políticamente a la justicia puede ser conveniente como blindaje por ahora, pero que los próximos que vengan la recubrirán también a su medida? ¿Cómo hacemos para ver que los próximos que vengan seguramente también tendrán sus jueces, cortes y fiscales? ¿Y si, por alguna razón que ahora mismo no se me ocurre, empezaran a importar las libertades civiles igual que los bonos y los subsidios? ¿Y si un día de estos las carreteras, los puentes, las aceras y los semáforos ya no se consideraran como indicadores de que vivimos en democracia? ¿Cómo hacemos para entender que el poder no siempre es eterno y que por definición debe tener límites, prudencias y razones? ¿Cómo podemos entender que las elecciones no necesariamente son equivalentes a que un país democrático y que es perfectamente posible legitimar -en la práctica- regímenes de fuerza a través del voto popular? ¿Llegará el día en que el autoritarismo deje de ser socialmente aceptable? ¿Llegará el día en que los únicos temas de conversación dejen de ser la política, la política y el tráfico? ¿Se podrá conseguir en el mercado alguna pócima para comprender que las constituciones están para ser neutrales, respetadas y medianamente estables? Claro que si todo esto fuera realidad seríamos un país normal y posiblemente aburrido.