Columnista Invitado

El arte de Pablo Barriga

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¿Qué puede significar un pan de esos que llaman rosetas sobre un papel escrito? Cómo ante toda obra de arte estamos frente a un mensaje ambiguo que se debe decodificar. La primera intención es leer el mensaje escrito, pero el pan no lo permite. Sin embargo, hay unas líneas incompletas que alcanzan para comenzar a comprender el sentido de la pequeña instalación. La relación de continuidad de los dos objetos -la página y el pan- apuntan hacia un texto más profundo que la simple presencia de dos objetos aislados.

Falta descubrir el mecanismo de unidad. Al entrar en el entorno dialogante se establece cierto grado de equivalencia entre los sentidos de los objetos, solo entonces podemos entender el crudo mensaje que conllevan juntos. Los objetos se han vuelto signos de convivencia cultural.

Las pinturas abstracto-expresionistas son símbolos de un cosmos infinito que no se dejan atrapar por los límites del cuadro No se subordinan a la estructura evidente, son elementos que emprenden movimientos independientes, libres: están vivos. La convencionalidad del estilo actúa como una clave para entender que los brochazos pugnan entre el lienzo y la ausencia; se desplazan más allá de las telas, pero siguen formando parte de estas.

Las obras de Pablo Barriga exigen que se las piensen dos veces. Al comienzo, frente a ellas se desata la sensación de lo inesperado, luego se comprende que están rigurosamente estructuradas y codificadas y solo al final se vuelven significativas. En algunos textos, las imágenes parecen obras de animación: ironía, comicidad, pero el lenguaje inicial se transforma, las figuras, de por sí en “movimiento”, cobran -en virtud de la composición de los lienzos- cierto impetuoso dinamismo.

Las creaciones de Pablo no responden a un estilo único, son expresiones de nuestros días, una época caracterizada, entre otras cosas, por formas que sobrepasan los límites impuestos por el arte anterior: son las que sobrevienen “después del fin del arte” que dijera Arthur C. Danto. Pueden presentarse como dibujos, pinturas, esculturas, instalaciones, intervenciones, performances, etc.

¿Cómo definir entonces las casetas de los guardias que proliferan en determinados barrios residenciales de Quito, garitas que Pablo las transforma -al fotografiarlas- en objetos artísticos que conllevan una aguda crítica social por la indiferencia colectiva?

La emoción estética se decanta en las “casetas de guardia” al ser miradas como composiciones artísticas, y no se excluye otra función propia del lenguaje, la emotiva.

El arte de Barriga, resumido en su exposición antológica -abierta en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito hasta fines de enero- transita por muchos caminos y ocupa un amplio espacio de narrativa estética cuidadosamente depurada.

Ileana Almeida
Columnista invitada