Alexandra Kennedy-Troya

Bienal de Venecia: colofón imprescindible

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Desde que se inaugurara la 56 Bienal de Venecia, a inicios de mayo, muchos artistas y periodistas han advertido sobre la “ambigua e ilegítima” participación del Ecuador.

Recordemos que desde hace 43 años, nuestro país, conjuntamente con otras naciones latinoamericanas cuya situación económica no les permite costear pabellón propio, han exhibido a sus artistas con el apoyo del Instituto Ítalo Latinoamericano (IILA) de Roma. Estos han sido usualmente convocados por un curador o cocuradores del IILA y del país en cuestión. En esta ocasión el conocido curador Alfons Hug propuso un proyecto colaborativo: “Voces indígenas”, al que convocó a 18 artistas; Fabiano Kueva -representando oficialmente al Ecuador- participó con un registro sonoro en lengua siona. Esta lleva la marca Ecuador: el Ministerio de Cultura y Patrimonio y el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Sin embargo, de manera paralela aparece un pabellón del Ecuador, amparado por los logos de los mismos ministerios y la Embajada de Ecuador en Italia. En este pabellón “oficial” se encuentra la artista Verónica León, quien actualmente reside entre París y Dubái.

Es el primer pabellón que tiene Ecuador desde la existencia de la Bienal, y al parecer el aval fue dado por el mismo ministro de Cultura de entonces, Francisco Borja. En declaraciones de funcionarios de este Ministerio publicados en mayo en El Telégrafo, señalaban no tener información sobre el proceso de selección de obra y de cómo el Estado se involucra en este proyecto privado.

En este artículo no discuto la bondad o no de la obra de León, creo que no viene al caso. Tampoco me interesa saber cómo la artista gestiona los fondos para costear el pabellón en cuestión, aunque no dejo de admirar su audacia. Lo que creo fundamental es denunciar la falta de seriedad del Gobierno ecuatoriano al apoyar una iniciativa privada cuando este tipo de representaciones son y deben ser oficiales; voces legítimas que surjan de políticas claras de selección, bajo un protocolo de trabajo transparente, como señalara la artista y gestora María Rosa Jijón, en alguno de los artículos publicados en este mismo Diario.

A pocos días del cierre de esta importante cita de las artes, me parece que el público debe conocer si el Ministerio de Cultura y Patrimonio, bajo nuevas autoridades, ha formulado un reglamento que cuide a futuro (y apoye efectivamente) la participación equitativa y transparente de artistas ecuatorianos en citas de este calibre.

Es como la selección oficial del Ecuador en el fútbol, no se puede meter un arquero que no haya sido previamente autorizado y consensuado. No se paga para entrar, se es seleccionado por los organismos competentes, como lo fue la obra y la participación oficial de Fabiano Kueva.