Alexandra Kennedy-Troya

La Bienal de Venecia

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Artistas performáticos, compositores, músicos, artistas de acción, bailarines y tantos otros se han tomado la Bienal. Pocos objetos, muchos gestos, acciones, escenarios, mucha imagen que entra, vibra y desaparece. En esta Bienal se prueba lo que Walter Benjamin trajera a cuento casi 100 años atrás: la capacidad representacional del arte, la mirada más allá de la prosaica apariencia de las cosas. Y más allá de la vista (de ver), ahora las prácticas artísticas sin límites ni claras definiciones desean que el público escuche, observe, responda, se comprometa, hable y comprenda el mundo convulsionado en que vivimos. No se trata tan solo del manido acto de contemplar por contemplar.

En esta 56 edición denominada “Todos los futuros del mundo”, el curador nigeriano Okwui Enwezor provee la arena para discutir y señalar las relaciones entre el arte y el desarrollo del mundo humano, político y social; las tensiones entre los impulsos internos y las fuerzas externas que nos modifican, muchas veces violentamente. En las imágenes dispuestas dialécticamente en los pabellones, los rincones o las calles de Venecia, no se hacen juicios, ni pronósticos; se sueltan, cual globos de helio, gestos de un mundo que ahora presenta muchas divisiones y heridas, inequidades e incertidumbres sobre el futuro, a pesar de tantos avances en el conocimiento y la tecnología.

No hablamos de un cubo blanco, aséptico, sin lugar de origen ni historias que la signen.

Tampoco hablamos de la feliz y limitada representación de un jarrón de rosas listo para el acto de contemplar pasivamente. En este encuentro se enfatiza sobre el origen de los artistas y sus prácticas, lo multifacético, producto del miedo de sociedades frágiles, de genocidios, de tsunamis, de crisis económicas y pandemonios virales. De movilizaciones masivas de seres humanos intentando ubicarse, pretendiendo un nuevo mundo de posibilidades mejores. Demasiados, demasiados eventos épicos vividos en poco tiempo. Reflexionar sobre el estado de las cosas en el proceso de recrear la apariencia de las cosas.

El ángel de la historia da vuelta de ojos, observa con atención la cadena de eventos que nos permite comprender el naufragio pero la tormenta parece impulsarlo hacia el incierto futuro (el mismo Benjamin).

Los actos para mirar adelante pueden ser de cualquier tipo. Si comprendemos lo que impulsa al nuevo arte, sin etiquetarlo, sin prejuicios, sin quedarnos en lo que fue y no es más, atenderemos el secreto impulso que lleva a unos iluminados y sensibles artistas a abrirnos los ojos ahora que, como nunca, necesitamos prestar atención y no dormirnos en el acto de glotonamente adquirir, coleccionar, desechar y así sucesivamente.

La Bienal parece ser un acto de real despojo de tanta basura acumulada.