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Adiós a las armas insurgentes

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El acuerdo del cese al fuego definitivo entre el gobierno de Colombia y la guerrilla comunista de las FARC pone un punto final a un ciclo latinoamericano que en realidad ya había acabado años antes de comenzar este siglo.

La guerrilla colombiana es un fenómeno extemporáneo, que se prolongó excepcionalmente por 52 años, o más aún si se considera los movimientos armados que le dieron origen a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en 1964.

Las delegaciones del gobierno y las FARC suscribieron en La Habana el 23 de junio el histórico acuerdo que pone fin a la guerra en Colombia y aproxima la culminación del Acuerdo Final de paz que las dos partes negocian desde el 2012.

La oleada guerrillera en América Latina ocurrió entre el triunfo de Fidel Castro en Cuba (1959) y la desintegración de la Unión Soviética (1991), combatiendo dictaduras militares anticomunistas que proliferaron en la región durante ese período en que la región fue trinchera destacada de la Guerra Fría.

Hubo organizaciones que sobrevivieron más allá de 1991, como Sendero Luminoso en Perú, y otras remanentes en varios países, incluso grupos nuevos como el Frente Zapatista de México, surgido en 1994. Pero fueron expresiones aisladas y nada representativas en términos de amenaza política o militar a los gobiernos.La mayoría de los participantes en la lucha armada sucumbió a la represión o se desmovilizó, principalmente en los años 70. Muchos de sus dirigentes, después de sufrir torturas y prisión por alzarse en armas, adhirieron a partidos democráticos y ascendieron al poder mediante elecciones.

Ahora le toca a Colombia vivir el proceso de incorporación de combatientes clandestinos a la vida social y política. En 1990 un acuerdo desmovilizó el Movimiento 19 de Abril (M-19), protagonista de cruentas acciones urbanas, como la toma del Palacio de Justicia, en Bogotá, en noviembre de 1985, que ocasionó decenas de muertos por la brutal reacción militar.

Actualmente, varios dirigentes del M-19 son parlamentarios y uno de ellos, Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá, disputó la presidencia en el 2010.

Es un proceso más complejo que el de otros países latinoamericanos, donde guerrilleros desmovilizados o derrotados pudieron fortalecer los gobiernos de izquierda, en un ciclo que también vive su ocaso.

Antes renunciaron a sus ilusiones revolucionarias y algunos, como la hoy suspendida presidenta brasileña Dilma Rousseff, se presentan como campeones de la democracia, por su lucha a muerte contra dictaduras.

Es una afirmación polémica, porque la lucha armada en general se hizo con “un proyecto autoritario, próximo a lo que había de revolución y socialismo en la época”, según el historiador Daniel Aarão Reis.