Orlando J. Ferreres

Recuperar el orgullo nacional

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La Nación, Argentina, GDA

Con todos los desastres que han ocurrido desde hace mucho tiempo, y peor últimamente, muchos argentinos y argentinas se sienten envueltos en un gran pesimismo sobre el futuro del país y dudan de que podamos recuperar la grandeza del pasado y encarar el futuro con esperanza. Aun en el peor momento, quiero sentir esa esperanza en el futuro.

Es cierto que es difícil admirar a la gente que dice vaguedades irrelevantes incluso por cadena nacional, gente que no engrandece a la Argentina, que se pone primero y también sus movimientos políticos, todos, por encima del interés general.

Gente que hace papelones internacionales. No importa que todos los días hablen con la fuerza que les da disponer de los medios y que los ovacione un coro de aplaudidores previamente preparado. No es así como se construye una patria. Gobernar empieza en realidad el día después de las elecciones y si no se está preparado para ello se convierte en una frustración más que cierra la esperanza de construir una patria y tener un proyecto de vida en común.

Me gustaría que no me den vergüenza mis autoridades máximas cuando van a reuniones internacionales o a universidades extranjeras, y que cuando los jóvenes alumnos les hagan preguntas sus respuestas sean sólidas y convincentes.

¡Pobre mi Argentina! tan golpeada durante tanto tiempo por gente tan poco preparada. Desde 1930 que venimos decayendo sin encontrar piso para esa caída tan estrepitosa. Da la impresión de que siempre vamos a seguir declinando y de que no hay solución ni reacción de la población, que parece resignada.

Hasta nuestros vecinos, Uruguay y Bolivia, consiguen préstamos en el mercado internacional al 4% hasta el año 2050 y nosotros no podemos lograr ni una emisión de USD
3 000 millones pagando hasta el 9% anual.

Estamos muy equivocados. Nos creemos extraordinarios. Es cierto que siempre es una posibilidad equivocarse, pero después se puede revisar el error. Una cosa muy distinta es equivocarse y creerse un estadista y ser un simple ignorante dispuesto a usar todos los hilos del poder contra cualquiera que se opone, ya sean jueces, fiscales, prensa y muchos más.

Roguemos y hagamos lo que esté a nuestro alcance para que se inicie la recuperación del orgullo nacional.

Tengo la esperanza, o mejor dicho el deseo, de una reacción para estas elecciones de octubre de 2015. Tengo el deseo de que se produzca a partir de allí un cambio de tendencia, una reversión de la decadencia argentina, aunque esa reversión sea lenta.

Una recuperación basada en el respeto a la Constitución, en la división real de poderes, con un balance entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, un respeto claro por todos los derechos humanos, no solo los de una línea ideológica, por la libertad de prensa, por la libertad de religión, por el respeto a la propiedad, sin inflación.

Roguemos y hagamos lo que esté a nuestro alcance para que se inicie la recuperación del orgullo nacional. Sin ello no habrá recuperación real de la economía. Para los que quieran ser dirigentes del país, las prioridades son primero la ética, después la política y la economía... mucho después.