Dennis Rodríguez

Miles de ‘funcionarios fantasmas’ en la Argentina

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En la Argentina, se dice ‘ñoqui’ o ‘funcionario fantasma’ a una persona que cobra un sueldo mensual pero nunca trabaja. En Ecuador, se les llama ‘pipones’; ‘petardos’ en Colombia; ‘enchufados’ o ‘tarifados’ en Venezuela, etc.

Pero ‘ñoqui’ sería apenas parte de la riquísima jerga del país del Río de la Plata, si detrás de esa palabreja no se ocultara un caso cuestionable. El término es la llave que abre la puerta de una trama opaca. Y hace parte del gris legado que los 12 años en el poder del kirchnerismo (neopopulismo del Cono Sur) han dejado a los contribuyentes y al nuevo Gobierno argentinos.

¿Por qué? Por múltiples razones. La más reveladora de todas se incluye en un informe que publicó el diario La Nación de Buenos Aires, con base en los estudios realizados por KPMG Internacional, una firma con presencia en 155 países.
En síntesis, en la Argentina, al término del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se contabilizaron no menos de  210 000 ‘enchufados’.
¿Cuánta plata se cree que cayó a ese agujero negro? Alrededor de USD 2 010 millones al año (al cambio de finales del 2015).

Durante la era del kirchnerismo, asimismo, la burocracia estatal se infló. Pasó de los 2,7 millones de empleados públicos que había en el 2003 -cuando Néstor Kirchner y su esposa arribaron a la Casa Rosada- a más de 3,9 millones, en el 2015.
Hay otros dos datos que sorprenden. Uno: algunos ‘pipones’ posiblemente ni siquiera sabían que lo eran. Sus sueldos eran cobrados por terceros. Y dos: ‘beneficiarios’ han denunciado que estaban obligados a entregar no menos de la mitad de sus ingresos a quien los había incluido en la nómina.

Estos antecedentes quizá explican las protestas de estas semanas en contra del gobierno del conservador Mauricio Macri, que ha ordenado miles de despidos y que también se ve abocado a asumir el costo político que implica el alza enorme de las tarifas eléctricas.
El de los 'ñoquis' apenas es el prólogo. De la era de los K, Néstor y Cristina, en la Casa Rosada hay que esperar más sorpresas y capítulos aún por contar.