Roberto Salas

Argentina se reinventa

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En 100 días es mucho lo que el nuevo Gobierno ha hecho para cambiar al país hacia un nuevo rumbo. Un cambio de 180 grados en la economía es un buen comienzo, pero con un camino aún largo por recorrer.

Hasta ahora, la política económica podría definirse como una política gradual en lo fiscal, y de ‘shock’ en lo cambiario y monetario. Esto se sustenta en que el Gobierno ha querido generar el máximo de confianza en lo económico.

Por eso, ha ajustado sin demora el tipo de cambio para incentivar las exportaciones. Y ha enfrentado a acreedores disidentes para lograr un acuerdo que le permita reinsertar al país en el mundo financiero internacional, mientras lucha por anclar las expectativas inflacionarias con medidas monetarias contractivas, y una reducción gradual pero creíble del déficit fiscal.

Seguir el cambio económico de Argentina por los diarios, revistas, noticieros, es insuficiente. Cuando se obtiene información local, con las emociones colectivas y de diversas fuentes, junto con los desafíos políticos aún pendientes, se ven las cosas con una mayor objetividad.

La verdad es que el fuerte optimismo que se respira es mayor en el extranjero que internamente. Mirando las cosas desde adentro son más evidentes los desafíos, en cuanto a las duras negociaciones de aumentos salariales con los sindicatos, las difíciles negociaciones con los otros sectores políticos en el Congreso para pasar las reformas y las nuevas leyes que apuntalen el nuevo modelo. Si bien los requerimientos para solucionar el problema con los bonistas disidentes está siendo apoyado, y la visita del presidente estadounidense, Barack Obama, ayuda, quedan muchas cosas por hacer.

En la práctica, los empresarios están pasando de una gestión basada en alertas tempranas para estar atentos de la siguiente crisis, hacia una gestión basada en vigilar el cumplimiento de hitos, para avanzar en una hoja de ruta que permita confiar en que el giro en proceso llegará a puerto y será duradero, para llegar a un punto de inflexión en que los flujos de capitales comiencen a materializarse y logren la escala que se necesita para consolidar la recuperación del país. Mientras esto no suceda, y no será muy rápido, la repatriación de los fondos argentinos fugados al exterior o al ‘colchón bank’, y el apetito de inversionistas, no se verán de manera relevante.

En este sentido, el principal riesgo es la situación económica mundial, que aún favorece poco a los emergentes latinoamericanos, y en donde lo único que puede servir son las oportunidades rentables que han estado contenidas básicamente en infraestructura, construcción y energía, entre otros.

Sin embargo, lo más difícil y necesario, será el cambio institucional, el combate a la corrupción y al narcotráfico. Estos cambios serían la confirmación de que realmente el país se reinventó.