Gonzalo Arias

‘¿Los de afuera son de palo?’

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En Argentina hay un famoso refrán popular que reza “los de afuera son de palo”, y que alude a la escasa relevancia que tienen las opiniones de quienes no integran un determinado círculo, sea éste la familia, la actividad profesional, el partido, u otro espacio más o menos definido.

En la actualidad, ante el desencanto y la indignación de los ciudadanos frente a los pobres desempeños de la dirigencia tradicional y la falta de respuestas a sus demandas en la mayoría de los países de Occidente, aparecen con fuerza los outsiders, es decir, figuras ajenas –y hasta contrarias- a la clase política, que se lanzan a la competencia electoral acusándola de ser responsable fundamental de la debacle, de las promesas incumplidas y la constante frustración de las expectativas. Según ellos, la política es sinónimo de corrupción e inacción, por lo que es incapaz de solucionar los problemas de la gente.

La política tradicional solía renegar de este tipo de incorporaciones, siempre recelosa de que alguien “fuera del palo” hiciera pie en el escenario de la política. Sin embargo, cada vez más partidos y especialistas de la comunicación política, se muestran ávidos de incorporar estas figuras. Desde empresarios como Piñera en Chile y Trump en EE.UU.; actores como Arnold Schwarzenegger en California, cómicos como el Presidente Morales de Guatemala, deportistas como el ex corredor de F1 Carlos Reutemann en Argentina, o académicos como el flamante Presidente de Francia y el líder de Podemos en España.

¿A qué se debe este fenómeno? Sin dudas, a que estos personajes traen consigo altos índices de conocimiento y popularidad, y a que están por lo general alejados de las cuestiones negativas atribuidas a los políticos según la percepción popular. Estas cualidades de los “outsiders” resultan para muchos una tentación, una suerte de atajo, teniendo en cuenta que a un político podría llevarle años alcanzar la popularidad y la empatía de –por ejemplo- un popular actor o un exitoso deportista.

Ahora bien, ¿se trata realmente de una “refundación” de la política, o estamos ante un recurso más con que ella busca sobrevivir en un contexto adverso? Por ahora, la experiencia da cuenta de que en este fenómeno hay más de artilugio de reinvención que de refundación, para subsistir en sociedades donde la mayoría de las instituciones tradicionales están siendo duramente cuestionadas.

Sin embargo, este atajo de la política no está exento de riesgos y puede volverse un arma de doble filo: todo el nivel de conocimiento y grado de aceptación que tienen los outsiders, por lo general no viene acompañado ni de los conocimientos ni la experiencia necesarias para gestionar los asuntos públicos.

Sin lugar a dudas, el desafío principal no pasa por ganar la elección, sino por gobernar. Quizás el mayor riesgo para los políticos sin experiencia como los outsiders sea el triunfo.