Abelardo Pachano

La apuesta sigue abierta

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Aunque formalmente la campaña electoral no da inicio de manera legal, en la práctica ya despliega sus velas. Se aprecian las primeras escaramuzas. Empiezan a advertirse líneas de aproximación en la búsqueda de alianzas. Ojalá se consiga unificar posturas y concentrar las opciones electorales. Esperemos que haya madurez política. Algo de aquello se ve, pero falta mucho por hacer.

Están en juego histórico, dos problemas de fondo. El uno político puro, relativo a la recuperación de la democracia y toda su institucionalidad perdida; y, el otro, el tratamiento al complejo problema económico, cuya crisis, negada con una vocación digna de otro empeño por parte del gobierno, es reconocida por más del 90% de la población nacional.

La correlación de estos dos mundos luce más estrecha de lo usual. Se la siente a un nivel mayor al que normalmente acompaña a un proceso electoral. Las encuestas señalan con bastante coincidencia, algo un tanto difícil de encontrar en estos días en otros temas, la agudización de la percepción personal y colectiva de atravesar por un patente deterioro de las condiciones de vida.

Para más del 85% de los ciudadanos encuestados, su situación personal empeoró en los últimos 90 días y, el 75% no espera ninguna mejoría en el trimestre que transcurre. Siente que las cosas andan por mal camino, no ven signos de cambio que alienten su ánimo y por lo tanto, el espíritu con el cual van a participar en esta contienda, estará marcado por este escenario.

Para el gobierno y la oposición, va a ser duro convencer a un electorado caracterizado por esta sensación de desobligo, desconfianza (la corrupción incorpora su mal olor) y, posiblemente hasta de incredulidad. Ya no sellará la contienda ese entorno de abundancia que acompañó a la gestión del gobierno en funciones. Y, eso sin duda alguna, creará una diferencia que puede ser definitoria, pues para esa súper mayoría de ecuatorianos, el problema que les angustia es el económico.

En ese plano, el desempleo ya ha incidido en la vida precisamente del 65% de familias nacionales, a lo cual se suman los conflictos creados por el gobierno en algunos frentes como el militar, de profesores, con los jubilados, algunas universidades, empresarios, trabajadores, que complementan el marco de la contienda que calienta el ambiente.

Todavía hay incertidumbre sobre los resultados y no son descartables hechos políticos o económicos inesperados, que por su dimensión alteren el curso de esta etapa. Eso si, de lo que se ve no hay muchas opciones. Es vital, por lo tanto, un agrupamiento político mayor para retar con contundencia a la conducción del país, que se encuentra literalmente parado. La sociedad espera que algo mejor venga pronto. La apuesta sigue abierta.