Bjorn Lomborg

Aprendiendo de Bill Gates

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Todos -desde las autoridades electas y los burócratas hasta los votantes y los contribuyentes- pueden aprender de la fundación de beneficencia más grande del mundo sobre un gasto efectivo en desarrollo. Y estas lecciones son particularmente relevantes en un momento en que el 56% de los europeos creen que sus gobiernos deberían centrarse en las cuestiones domésticas y dejar que los países receptores se ocupen de sus problemas como mejor puedan (la oposición a la ayuda es inclusive mayor en Francia, Polonia, Italia, Hungría y Grecia).

El periódico dominical de mayor circulación del Reino Unido lanzó una petición instando a poner fin al gasto en ayuda reservada (por un equivalente del 0,7% del ingreso nacional).

Antes de su victoria electoral, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo campaña en contra de “enviar ayuda extranjera a países que nos odian”, haciéndose eco de una opinión generalizada de que hay que recortar la ayuda. Estados Unidos asigna menos del 1% del presupuesto federal a la ayuda, pero el norteamericano promedio cree que esta cifra es 31 veces mayor.

La Fundación Bill & Melinda Gates gasta más cada año en ayuda para el desarrollo que la mayoría de los gobiernos ricos. A diferencia de los gobiernos elegidos, que enfrentan prioridades contrapuestas, que van desde cuestiones diplomáticas hasta el sentimiento de los contribuyentes, la Fundación Gates puede centrarse en lo que mejor funciona. Esto no puede resultar más evidente que en el boletín anual que acaban de divulgar Bill y Melinda, en el que le explican al empresario Warren Buffett en qué se invierte la donación de USD 30 000 millones que le hizo a su fundación -el mayor regalo que alguna vez haya recibido de una sola persona-. Ellos se concentran en tres áreas específicas de inversión: vacunación, contracepción y alimentación.

Las tres han sido estudiadas en profundidad por economistas especializados para mi grupo de expertos, el Centro de Consenso de Copenhague, que investiga las intervenciones y políticas con las mayores posibilidades de mejorar el mundo.

La inversión en vacunas es una decisión muy fácil. La cobertura de un paquete básico de vacunas infantiles es la más alta en la historia, en un 86%. La mayoría de los niños del mundo hoy están protegidos contra el sarampión, el tétano, la tos convulsa, la difteria y la polio, lo que salva tres millones de vidas por año. La brecha entre los países más ricos y más pobres es la menor de la historia.

Sin embargo, todavía hay mucho por hacer. Los investigadores del Consenso de Copenhague calculan que por unos 1 000 millones de dólares anuales, se podría ampliar los programas de vacunación para prevenir la neumonía y la diarrea infantil, salvando otro millón de vidas al año.

Bjorn Lomborg
Project Syndicate