Juan Cuvi

Aprendices de fachos

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Columnista invitado

Envilecimiento. No hay otro término posible para definir la relación que ha establecido el correísmo con sus huestes; sobre todo con sus cuadros y dirigentes. Porque decir aborregamiento (por si acaso, esta palabra no existe en nuestra lengua), que tiene concordancia con el remoquete con que se ha inmortalizado a los militantes de Alianza País, resulta demasiado indulgente. Aborregados tiene que ver más con mansedumbre y sumisión que con malicia.

Según el diccionario de la Real Academia Española, una persona se envilece cuando pierde su dignidad o su estima, o cuando actúa con torpeza e infamia. Tal como ocurrió con varios representantes del oficialismo a propósito de la golpiza que propinaron los guardaespaldas de Recep Tayyip Erdogan a un grupo de ecuatorianas. Y en la mismísima universidad del Estado.

Empecemos por el Presidente de la República, quien, luego de nueve años en ejercicio de sus funciones, todavía no entiende que una de sus primeras y principales responsabilidades es defender los derechos de todos los ecuatorianos, sin excepciones de ninguna clase. Más aún si son víctimas de la agresión de un cuerpo policial extranjero. Y muchísimo más si esa agresión ocurre en nuestro territorio. ¿Ya se olvidó de la vehemente defensa que hizo de los estudiantes mexicanos asesinados en Angostura? ¿O es que nuestras compatriotas agredidas tienen menos derechos por ser de la oposición?

Lo único que nos falta es que, además de pedir disculpas al señor Erdogan, el Gobierno ecuatoriano secunde la iniciativa de los empresarios turcos de América Latina que pretenden enjuiciar a las manifestantes. ¿Qué acuerdos o intereses, más bien dicho qué negocios están en juego para que el Gobierno adopte una postura tan melindrosa frente a tamaña ofensa?

Las asambleístas del correísmo tampoco se quedan atrás. Haciendo gala de un machismo impregnado hasta los tuétanos, no tuvieron la decencia de solidarizarse con sus homólogas violentadas sino con su compañero de partido, él también maceteado por lo gorilas turcos. La solidaridad de género quedó para la imprenta. Además, el mensaje que dejan a la sociedad es inequívoco: las chicas “malcriadas” tienen que ser castigadas. Más o menos como cuando les ordenaron guardar silencio por atreverse a pensar diferente. Como dice el dicho, mal de muchas…

Pero los que se llevan el galardón son los estudiantes y académicos del Instituto de Altos Estudios Nacionales que, según vídeos del incidente, aplaudieron este acto de brutalidad policial. Su reacción refleja no solamente fanatismo ideológico, sino empequeñecimiento intelectual, absoluta ausencia de sentido común y, sobre todo, la más escandalosa indolencia con el género humano. De ahí a convertirse en teóricos del fascismo solamente les restan un par de asignaturas.