Washington Herrera

Aprender a vivir sin petróleo

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El Ecuador tiene que adaptarse a vivir sin los ingresos petroleros e iniciar una nueva etapa histórica de su desarrollo, ya no basado en un recurso gratuito sino en el trabajo auténtico de sus recursos humanos. Esto implica un cambio cualitativo en la visión de nuestro futuro y exige una predisposición para encarar un modelo alternativo que sea sostenible en las próximas décadas, independientemente del gobierno de turno.

Para vivir con independencia del petróleo es necesario: contar con la confianza ciudadana en un nuevo porvenir y destino, tener una estrategia clara para emplear todas las energías nacionales en una producción moderna de bienes y servicios de alta calidad, hacer proyectos manufactureros en función de la vigencia del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, aprovechar la energía barata de las nuevas hidroeléctricas, generar valor agregado a los productos de la minería que se explote, emprender con el talento humano que se ha preparado dentro y fuera del país, de modo que haya una productividad que crezca sostenidamente, incorporando la tecnología de última generación para impulsar la especialización sobre la base de lo que hoy produce y a precios competitivos.

Y, al mismo tiempo, desechar proyectos megalómanos como la Refinería de Manabí y la industria petroquímica que no son sino delirio de grandezas.

El tamaño del mercado ecuatoriano ha crecido y en algunos casos puede ser una plataforma de lanzamiento de productos de exportación nueva. Para eso hay que evitar la erosión de la demanda interna y del consumo doméstico, evitando el pesimismo que conduce a conclusiones solo economicistas, exagerando los reales obstáculos que se confrontan.

Mientras tanto, hagamos más obras de infraestructura económica y social para bajar los costos logísticos de la comercialización, mejorando sostenidamente la educación primaria para que la población en general sea mejor capacitada y se desenvuelva mejor en cualquier terreno que se le demande. Los trabajadores deberán ser conscientes de que la forma sostenida y auténtica de progresar es siendo más productivos para ganar salarios remunerativos.

La clase media que ha crecido en esta década debe continuar progresando para trabajar con más inteligencia nacional, con más esfuerzo cotidiano, porque de aquí para adelante ya no habrá más regalos, más subsidios, pues el petróleo solo alcanzará para movilizar a más de un millón de automotores que circulan.

Esta clase media, informada instantáneamente por los medios electrónicos, quiere más satisfacciones ante la vida y demanda mejores servicios de educación moderna, de salud, de entretenimiento y tiende a mostrar descontento cuando sus aspiraciones se ven fallidas. Ella decidirá la elección de los gobernantes, no de acuerdo a ideologías, sino a quien le cree que va a satisfacer sus aspiraciones de mantener los elementos esenciales de su vida.

wherrera@elcomercio.org