Rubén Loza Aguerrebere

Skármeta y Neruda

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El ilustre escritor Antonio Skármeta, el más conocido internacionalmente de su país junto con Pablo Neruda (al que convirtió en personaje de ficción), ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Chile. Dueño de vasta y espléndida obra, entre otros, ha recibido premios de Unesco, el Medici y el Planeta.El cine ha contribuido a la difusión de sus difundidas novelas “El cartero de Neruda” (“Il Postino”), “El baile de la Victoria” y “No”.

Nacido en Antofagasta, en 1940, egresado del Instituto Nacional, Skármeta fue profesor en Europa y Estados Unidos. Embajador de Chile en Alemania, abandonó el cargo para dedicarse a la literatura. Afortunadamente para nosotros, sus lectores.

He tenido el placer de dialogar con Skármeta en varias oportunidades. Un hombre muy simpático y sumamente generoso.

Pero vamos al primer encuentro, un distante atardecer, cuando hablamos de su obra “Ardiente paciencia”, conocida luego como “El cartero de Neruda”, título con el que llegó al cine. Recuerdo que me dijo: “En todas sus versiones, como teatro, como película y como libro, se insertó en el imaginario universal.

Está traducido a veinticinco idiomas, es permanentemente reeditado y la película fue un éxito en el mundo, hasta en países inimaginables como los asiáticos.

Comentó que todo había nacido gracias al actor Mássimo Troisi, quien se encontraba de vacaciones y compró, al azar, un libro suyo. Luego se entusiasmó tanto con el personaje que buscó un productor de cine, al futuro director de la película, y se reservó el rol del cartero de Neruda.“Todo ocurrió lejos de mí”, dijo Skármeta, “lo debo a la generosidad de este hombre que murió al terminar la película… Por ello, uno debe ser siempre generoso”. (Y lo es, reitero).

Le ofrecieron escribir el guión de “Il postino”, pero no aceptó; no es su oficio.

Recuerdo que, dado el tema en el que estábamos, quiso saber si había conocido a Neruda; entonces le narré mi breve encuentro con el poeta chileno y Premio Nobel, en la Facultad de Arquitectura de Montevideo. Yo tenía diecinueve años.

La sala estaba repleta y no quedaba un hueco libre cuando llegué. Ángel Rama fue quien me condujo detrás del escenario donde estaba el poeta, y quien me lo presentó; recuerdo la mano regordeta y humedecida del poeta. Desde allí pude escuchar su conferencia.

Antonio Skármeta quiso saber sobre qué había hablado; pero sólo recordaba, le dije, una metáfora que había dejado caer, torrencial, describiendo un paseo matinal, descalzo sobre el césped, en Atlántida. Dijo que había pisado un escarabajo; y agregó: “Un rinoceronte del rocío”. Le gustó la metáfora. Y por esa misma razón, desde aquel lejano día, la recuerdo siempre.

Aquella tarde del primer encuentro con Antonio Skármeta sigue viva en mi memoria, porque ni los años borran ni la distancia es olvido. Nada más justo que reciba hoy el mayor galardón literario de su tierra.