Antonio Rodríguez Vicéns

Simplificando…

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18 de agosto de 2014 23:28

La simplificación de los conceptos -o de la realidad- puede producir resultados distintos: despojarlos de su contenido y tergiversarlos o facilitar su comprensión. Hay algunos conceptos que, por múltiples razones explicables, aunque no siempre justificadas, han sido elaborados con inusual complejidad desde distintos puntos de vista y, en última instancia, obedeciendo a diversos intereses concretos. Uno de esos conceptos es el de estado: aunque en términos generales ha sido concebido como la organización jurídico-política de una sociedad, filósofos y pensadores, a lo largo de los siglos, han enunciado numerosas definiciones que convendría intentar hacer comprensibles a todos.

En una abstracción, imaginemos nuestro planeta -con sus montañas y sus ríos, sus selvas y sus mares, sus animales y sus plantas- sin la presencia del hombre. En él habría -es obvio- un orden natural. No habría en cambio un orden jurídico y político, que siempre será un resultado de la creación del hombre, de sus necesidades y de su inteligencia. En sucesivas etapas de su desarrollo fue creando una organización que denominó estado. ¿Quién fue el creador? El hombre. ¿Para qué creó el estado? Para que le sirviera de instrumento -es preciso resaltar su valor instrumental- para lograr determinados objetivos. ¿Es lógico invertir la relación, es decir, que el estado no sirva al hombre sino el hombre al estado? No. El sometimiento del hombre a los ‘intereses del estado’, el estatismo, es una aberración.

Adelantemos en esta simplificación. El estado, como instrumento creado por el ser humano, es una organización. ¿Por quiénes está integrada esa organización? Por seres humanos. ¿Los seres humanos que integran el estado, como estructura administrativa, son la mayoría o una minoría de la sociedad? Evidentemente, son la minoría. ¿Cabe entonces que, al colocarse el hombre al servicio del estado, la mayoría -los integrantes de la sociedad- se someta a una minoría -la burocracia? ¿O, en otro sentido, que la minoría domine y controle a la mayoría? ¿No son acaso muchas de las teorías elaboradas sobre el estado nada más que un medio para justificar ese dominio y ese control?

La burocracia está organizada jerárquicamente. Es decir que existe en ella una distribución del poder. La minoría (la burocracia política, según los términos usados por Milovan Djilas), manda a la mayoría (la burocracia administrativa). La dirige. Si el hombre se subordina al estado, se somete, en última instancia, a la burocracia, a una minoría de la sociedad, y, finalmente, a quienes controlan a la burocracia, la minoría de esa minoría. ¿No funciona así en la práctica todo estatismo: sometiendo a la mayoría a una minoría, la burocracia, y, por consiguiente, a quienes controlan a esa burocracia, una minoría de la minoría? ¿Cómo evitarlo? Sólo con la división real del poder y el respeto a la ley que la garantiza.