Pablo Ortiz García

Año nuevo, leyes nuevas

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La Ley con nombre extenso y en muchos temas contrarios a lo que necesita el país, no es más que otro regalo que el gobernante hace a la ciudadanía. Publicada en el Registro Oficial del lunes pasado (un día después de la Fiesta de los Santos Inocentes), parece una nueva inocentada. Se llama Ley Orgánica de Incentivos a la Producción y Prevención del Fraude Fiscal. Como no podía ser de otra manera, los eficientes asambleístas del partido de Gobierno, dignamente obedientes a los dictámenes de sus superiores, la aprobaron casi sin ningún debate, menos con comentarios profundos o sesudos. Tuvieron la gran capacidad para que en escasos días, a través de esta nueva Ley, estudiar y analizar 11 leyes que fueron modificadas por la expedida el pasado 29 de diciembre de 2014.

Lo más “interesante” y que da la pauta de cómo se está legislando en este Ecuador, es que la gran mayoría de leyes reformadas por el novísimo experimento del pasado lunes, son las que este gobernante expidió poco tiempo atrás, con los consabidos bombos y platillos para anunciar que la Revolución Ciudadana está en marcha… pero en reversa. ¿Acaso este Gobierno no expidió, entre otras, la Ley de Equidad Tributaria?, ¿o la de Finanzas Públicas?, ¿o la de Minería?, ¿o el Código Orgánico de la Producción? Obviamente que como no podía quedarse sin modificar, por enésima ocasión, también hicieron reformas a la Ley de Régimen Tributario Interno y al Código Tributario.

¡Viva la seguridad jurídica!, ¡vivan los conceptos claros, de pocos meses de vigencia, con los que Alianza País gobierna Ecuador! Utilizo una palabreja puesta de moda por este Gobierno, la “socialización” de la nueva Ley fue realizada entre los mismos de siempre, y los comentarios que diversos sectores hicieron a través de la prensa independiente, solo quedaron como “tonterías” de los “sufridores”. Si se analiza la recientemente expedida Ley, se aprecia que no ayuda al incremento de la productividad, ya que sus disposiciones no están acorde con la realidad del mundo. ¿Acaso crear un impuesto a la venta de acciones o participaciones, colaborará para que los inversionistas arriesguen su capital en Ecuador?

Una Ley como la del lunes pasado, en que se deja mucho al criterio de los burócratas, no da seguridad a quienes ponen su capital en actividades en las que la regulación y agencias de control creadas por este Gobierno son las que deciden a su antojo. Si la Constitución de Montecristi era, según sus autores, un documento que duraría trescientos años (y ya la están modificando a gusto del que sabemos), ¿cuándo reformarán esta nueva Ley y las otras, a su vez cambiadas por los asambleístas?

Ecuador, un país sin rumbo, sin seguridad jurídica, sin reglas claras ni duraderas. Lo único seguro es que comenzó 2015 ¡Suerte Ecuador!

portiz@elcomercio.org