Marcelo Ortiz

Un año más de disfrutar la vida

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En el naipe de la vida hay cartas que se combinan para ganar un juego, y otras que lo dificultan. Transcurrirán horas, días y semanas en las cuales los resultados triunfantes alcanzarán linderos de sentimientos cercanos a la felicidad; pero hay también otros en que se frustrarán al no cubrir ese nivel psicológico en el esquema de sus vidas. He ahí la alternancia que tienen los hechos de los seres humanos, al igual que si fuera un juego de cartas entregado a cada persona, sin importar sexo, edad; o peor aún, condición social y nivel económico.

Trasladado este esquema cartomántico a la vida real, que comienza al despertar todos los días después del sueño necesario, aquellas horas que tiene cada persona sabrá utilizarlas en solitario o en el medio familiar, en el trabajo y en el entorno social. La distribución que se hace del tiempo tiene los ciclos entre el día y la noche, y aquellos espacios biológicos a lo largo y ancho del mundo cumplen términos concretos para todos los seres humanos. Se cierran períodos que finalizan para dar paso al llamado primer día de cada año, generalmente celebrado en plena vigilia como demostración del anhelo de seguir vitalmente completos.

Hay países como los árabes, especialmente aquellos de los siete emiratos al sur de Arabia Saudita, que practican no ingerir dichas bebidas y demuestran que es innecesario para vivir aquellos líquidos prohibidos por la religión musulmana que profesan.

En cambio, en el mundo de los países occidentales en los cuales la religión católica se ha extendido prodigiosamente, se permite el consumo público de esas bebidas, constituyendo un complemento de la vida social. El consumo exagerado, desde la cerveza hasta la infinidad de marcas de esos productos extraídos de la caña de azúcar, y de otros más elaborados a base de maíz y trigo con altos grados que llegan al altísimo contenido del número 40, desarticulan la sobriedad, hasta llegar a los estados de violencia que pueden terminar con agresiones físicas; y, avanzar hasta enfermedades variadas que incluyen la reclusión en hospitales psiquiátricos y causar la muerte a cónyuges, familiares, amigos o vecinos, hechos muy lamentables y extremos que se encuentran tipificados y sancionados como delitos que reciben condenas por jueces penales.

Felizmente, hay otras religiones salidas de la católica, que prohíben a sus feligreses ese consumo. Dichas ramas conocidas como de los “evangélicos” o” protestantes” y otros, cada vez tienen mayor número de adherentes en nuestras sociedades. Actualmente, publican revistas en varios idiomas, a más del español, que alcanzan ediciones para la difusión masiva de interpretaciones de la Biblia, y en abierta lucha por ganar adeptos que se liberen de “ese vicio social” generador de problemas al interior de cada familia.

mortiz@elcomercio.org