Walter Spurrier

Entre Ankara y Ereván

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El Parlamento alemán condenó el genocidio cometido hace un siglo por Turquía contra su población armenia. Este tema es extremadamente sensible para la diplomacia turca. El presidente Erdogan respondió visceralmente. Propuso que los parlamentarios alemanes de origen turco fueran sometidos a pruebas genéticas para determinar qué tipo de turcos son.

Durante la reciente visita de Erdogan a Quito, la seguridad turca trató con inusitada rudeza a las activistas de derechos humanos que protestaron por el genocidio.

Los armenios merecen simpatía, pero cabe preguntarse si es prudente que el Ecuador busque protagonismo en esta causa. Sucedió hace un siglo en una región donde no desempeñamos papel alguno.

El 27 de mayo, la segunda Vicepresidenta de la Asamblea, de misión en Armenia, visitó en compañía de su similar armenio el complejo erigido para rememorar el genocidio, y dar tributo a su memoria.

Es un acto incoherente con la política seguida por el gobierno de Correa hacia Ankara.

Para el Gobierno nacional, Turquía tiene la primera prioridad entre los nuevos mercados que busca abrir para nuestras exportaciones. Estamos en pos de un acuerdo comercial bilateral. En particular se busca la apertura de Turquía al banano. Las estadísticas del Banco Central registran exportaciones de banano a Turquía, pero son compras de mercaderes turcos para vender en otros mercados de Oriente Medio. Es tan agresiva (en el buen sentido) la campaña de abrir el mercado turco, que el presidente Correa visitó Ankara, Erdogan devuelve la visita, y se le entrega a una firma turca el puerto bananero Bolívar.

Cuando se produjo el incidente de protesta por el genocidio durante la visita de Erdogan, el presidente Correa fustigó a las activistas: “Malcriadas… humillaron al país. No sé qué querrán. ¿Qué rompamos relaciones con un país?” (prensa, febrero 14).

La protesta de activistas son parte del proceso político en los países democráticos, y ningún dignatario visitante puede sentir que tal protesta constituya una ofensa del Gobierno que los recibe. En cambio, si lo es cuando provienen de una alta autoridad del Estado.

¿Cuál era la urgencia de la visita de la Vicepresidenta de la Asamblea a Ereván? ¿Ha cambiado la política hacia Turquía entre febrero y mayo? ¿La Asamblea tiene su propia política exterior? ¿Fue Rosana Alvarado a Armenia ignorante de la situación con Turquía; la Cancillería no la inteligenció y fue manipulada? Sea cual fuera el caso, un despropósito.

Una de las tareas del próximo gobierno es volver a un manejo profesional de las relaciones exteriores, con diplomáticos de carrera que tengan como único objetivo los intereses nacionales, y reducir la dependencia en asesores extranjeros para quienes Quito es solo una trinchera coyuntural.