Columnista Invitado

El gran escape

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Fander Falconí

El Premio Nobel de Economía ha causado a veces más polémica que los galardones del mismo nombre de Literatura y de la Paz. Pero la controversia ha sido por lo general, salvo excepciones como Amartya Sen o Joseph Stiglitz, por la concesión del galardón a economistas tradicionales. Es decir, se ha acusado a la Real Academia Sueca de Ciencias de conservadora. Por eso sorprende que este año 2015 se haya premiado al autor de una reciente obra que admite el fracaso del capitalismo en el manejo de la desigualdad.

El economista británico-estadounidense Angus Deaton publicó hace dos años el libro ‘El Gran Escape’. Usando el nombre de un clásico del cine de guerra (1963, sobre la fuga de prisioneros aliados de un campo alemán durante la II Guerra Mundial, basado en hechos reales y documentados), Deaton explica desde el inicio que el escape en su libro se refiere a escapar de la pobreza, de la enfermedad, de la muerte.

El jurado del Nobel consideró esencial a la hora de elegir al premiado la labor que Deaton y su equipo realizaron en la India. Allí, él usó datos provenientes de encuestas exhaustivas que aparecieron diferentes a los datos oficiales. Así se aproximó al estudio de la pobreza y la desigualdad en la India actual. Asegura Angus Deaton que la pobreza no es solo falta de dinero.

En la India la nutrición está mejorando, pero la malnutrición todavía es alarmante. No hay variedad en la dieta de los más pobres y carecen de alimentos esenciales, como vegetales verdes, huevos y frutas. Tampoco la salubridad en general ayuda, peor los servicios de salud; de la educación, ni hablemos. Es decir, alguien podría pensar que la salud y el nivel de vida en general de la India son mejores ahora. Pero muchos que han salido de la extrema pobreza no se sienten solidarios con los que todavía están atrapados en la indigencia. “Las nuevas clases medias deberían estar encantadas de pagar impuestos que ayuden a otros a compartir su buena suerte”, piensa Deaton. ¿Demasiado optimismo?

Hay menos mortalidad infantil y más esperanza de vida en el mundo. Pero lo mismo que pasa entre clases sociales a escala de países, donde una ha mejorado mucho y la otra muy poco, pasa a escala internacional entre países ricos y países pobres. Y si eso es grave en la India o en América Latina, en África es peor. Deaton, con una honestidad a ser emulada por cualquier catedrático, critica los famosos programas de asistencia de los países ricos a los países pobres, ayuda que pasa por las manos de regímenes corruptos y/o totalitarios que se quedan con la mayor parte de las entregas.

Es verdad, tanto que la ayuda internacional no solo se presta a la manipulación por las élites de los países del Sur, sino que tal ayuda sería innecesaria. No haría falta la asistencia si nos trataran con igualdad, sin los vergonzosos tratados bilaterales de inversión ni de libre comercio, sin normas de propiedad intelectual que solo benefician a los países ricos.