Andrés Vallejo

25 años de Esquel

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Los aniversarios son motivo, generalmente, de alegría y positiva recordación. Especialmente, cuando la labor cumplida es reconocida por su aporte a la sociedad y al país. Este es el caso de la celebración por los 25 años de la Fundación Esquel, que se creó en 1990 y tuvo como su primer presidente a Alfredo Pareja Diezcanseco, y que integró a personas preocupadas en serio por el país y su situación económica y social, como Luis Gómez Izquierdo, Gonzalo Córdova, Manuel Chiriboga, solo para nombrar a los que se nos han adelantado, y para no incurrir en omisiones involuntarias.

Esquel es una Organización No Gubernamental que tanto bien ha hecho al país y que de un tiempo a esta parte sufre acoso regulatorio y controlador, a pesar de lo cual sigue desarrollando proyectos económicos, sociales y ciudadanos de importancia fundamental. Muchos funcionarios gubernamentales saben de la bondad de estas instituciones: ahí se desenvolvieron por mucho tiempo.

Organizaciones sin fines de lucro, combinan la eficiencia con la vocación social y la austeridad. Así se explica que un cuerpo de 20 personas haya manejado decenas de millones de dólares provenientes de convenios de cooperación internacional multilateral, bilateral, privadas y públicas, que requieren auditoría y rendición de cuentas permanente.

Su trabajo se ha desenvuelto en cooperación con gobiernos locales, otras ONG especializadas, instituciones internacionales, comunidades e individuos, lo que ha dado como resultado el involucramiento general que pasa por el diálogo y la concertación, la resolución de conflictos, el arribar a consensos.
El diálogo, concebido como un encuentro con el diferente, con el que tiene intereses opuestos, ha sido un pilar de su acción.

Esquel ha sido un formador de ciudadanía, incentivando la participación de actores sociales en la vida pública. Ha creado canales de interacción, estimulando las relaciones entre los sectores público y privado, -que no son enemigos y deben trabajar juntos-, entre las generaciones, entre indígenas y mestizos. En un país que cultiva con fervor la cultura del conflicto, “esa que rompe el espejo del país en múltiples pedazos haciendo imposible que podamos vernos el rostro”, Esquel ha sido una institución básica para el encuentro que procesa diferencias para encontrar soluciones.

Pilar de su actividad ha sido también el desarrollo local y el combate a la pobreza, impulsando cientos de proyectos de desarrollo en un contacto directo con las comunidades de base.

Así como es imposible en el espacio de un artículo decir todo lo que ha hecho y el reconocimiento que merece Esquel, ONG emblemática, a la que hay que augurar larga vida, es de elemental justicia que se reconozca la labor de Cornelio Marchán, que se desempeñó como su Director por largos años, y de sus actuales directivos Pablo Better y Boris Cornejo y su cuerpo directivo y operativo.