Andrés Jaramillo

La proliferación del virus del zika y los embarazos

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La expansión del zika genera preocupación. A tal punto que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha convocado a una reunión extraordinaria para el 1 de febrero. Por la magnitud del problema, en la reciente Cumbre de laComunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeñostambién se abordó el tema y se espera otro encuentro, el 2 de febrero.

Ese puede ser el espacio propicio para reafirmar la aplicación de planes de largo alcance, que vayan más allá de, por ejemplo, los exhortos a posponer el embarazo.

Quizá resulta ingenuo creer que las parejas más jóvenes van a considerar este llamado que las autoridades sanitarias de Ecuador, Colombia, Honduras, El Salvador y Jamaica han hecho, como medida preventiva.Si existiera una cultura generalizada de planificación familiar o si efectivamente el embarazo dependiera solamente de la pareja, pudiera ser distinto.

Pero la realidad, como advirtió Naciones Unidas al arrancar este año, es diferente. En América Latina, por ejemplo, una tercera parte de los embarazos corresponde a menores de 18 años y casi un 20% a niñas que tienen menos de 15 años.

Las causas están ligadas a la ausencia de planificación; la falta de información, de oportunidades, de expectativas sociales y también a la violencia familiar.

Los embarazos, por tanto, no se postergarán si no se toman en cuenta estos factores sociales dentro de las políticas públicas de salud sexual reproductiva. Esto implica pensar las acciones y las directrices más allá de si los jóvenes deben o no abstenerse de las relaciones sexuales o si deben o no usar preservativo cuando deciden tenerlas.

El zika no desaparecerá pronto. La OMS calcula que, al ritmo actual, unas cuatro millones de personas se infectarán con el virus solamente en América Latina.

Las más expuestas son, precisamente, las mujeres embarazadas, pues se ha descubierto un nexo entre la microcefalia en bebés recién nacidos y el peligroso vector.