Gonzalo Ruiz

Alepo, Palmira y el llanto interminable

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Siria retoma Palmira. Es un singular trofeo de una guerra absurda sobrepuesta a la propia guerra civil que azota a Siria desde hace cinco años.

Esta vez el Ejército regular retomó el bastión que había sido capturado por el autoproclamado Estado Islámico. El EI es una facción integrista que desarrolló una ofensiva desde Iraq y que copó varios territorios sirios mientras ese país se hallaba en medio de una brutal guerra civil.
Guerra sobre guerra.

Alepo fue reconquistada por Siria en diciembre. La guerra civil siria tuvo como punto de honor a Alepo, una ciudad que tiene (o tenía) más población que la propia capital, Damasco.

Histórica ruta entre Turquía y otras regiones de Oriente Próximo, Alepo es (o era) además una ciudad plagada de monumentos arquitectónicos.
Palmira es otro emblema de la cultura recuperado por Siria. Los tesoros del arte y la cultura suelen ser víctimas irredentas de las guerras (preguntar por el museo de Bagdad y los tesoros de la antigua Babilonia, o la biblioteca de Sarajevo, en la ex Yugoeslavia).

La guerra civil siria fue instalada por varios grupos rebeldes contra la tiranía de Bashar Al Asad, un presidente a que llegó al poder por elecciones de dudosa limpieza y que
como un mandatario laico mantuvo siempre tensiones insalvables con la oposición. Varios de esos grupos rebeldes fueron apoyados por Occidente mientras Rusia, proveedor de armamento a los gobiernos del Presidente sirio y del de su padre, colaboró con el Régimen para mantener esta cruenta guerra sinfín.

En medio de las batallas y con la muerte acechante, desde el sur llegó otro nuevo jinete del Apocalipsis contra el Régimen: el Integrista y terrorista Estado Islámico, que mantuvo cautivas a ciudades como Alepo y Palmira, ahora reconquistadas.

Varias poblaciones al norte de Alepo han sido capturadas por el Ejército sirio en las últimas horas. En Siria las lágrimas y la sangre fluyen sin parar.