César Augusto Sosa

A comer papas

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A los productores de papa les tocó, de nuevo, perder. La sobreproducción del tubérculo en el país está derrumbando los precios y golpeando las economías de los campesinos. Los costos de producción rondan los USD 12 por quintal pero los comerciantes ofrecen pagar menos de 10, pues existen muchos productores dispuestos a recuperar algo de la inversión para no perder todo el capital.

La explicación de este fenómeno, que se ha vuelto recurrente, está básicamente en la falta de planificación, que paradójicamente fue la carta de presentación del Gobierno anterior. Con el objetivo de mejorar la productividad de los campesinos, hace dos años se entregaron semillas de alto rendimiento, básicamente en la Sierra centro. Se buscó aumentar la productividad y el objetivo se cumplió: el rendimiento por hectárea pasó de 14 a 18 toneladas.

La planificación se limitó a impulsar la oferta de papas en el país, pero no hubo igual trabajo por el lado de la demanda. Por ejemplo, incentivando a la población para que consuma la oferta adicional, exportando el tubérculo a otros mercados o generando productos con valor agregado con base en la papa. La ley de oferta y la demanda hizo lo suyo y los resultados están a la vista en los mercados: papas baratas para los consumidores y pérdidas para los productores.

Las salidas son a corto y mediano plazo. Por un lado hay que mejorar la planificación para estabilizar los precios; por otro, hay que impulsar el cultivo de productos con alta demanda y poca oferta, lo cual está impulsando los precios, por ejemplo, de los frutos secos. Campañas para aumentar el consumo de papa tendrán resultados a mediano plazo. Las autoridades quieren desempolvar los acuerdos con las cadenas de comida rápida para que compren parte de la producción local. Eso ya se hizo en el Gobierno experto en planificación. Incluso se montó una fábrica procesadora, que luego quebró. Por ahora, los consumidores pueden dedicarse a comer papas y aprovechar los bajos precios.