Dimitri Barreto P.

El periodismo, soslayado por la excepción

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Viernes 21 de agosto. El volcán estuvo semicubierto, pero desde Quito era posible divisar una gigante coliflor gris sobre el cráter del Cotopaxi, un hongo de gas volcánico en dirección oeste.

Ciudadanos publicaron fotos en la Red. El Ministerio Coordinador de Seguridad, vocero único del proceso eruptivo del volcán, dijo en Twitter a las 08:15 que “se pudieron observar emisiones de vapor cargadas de ceniza”, a las 11:42 que “se observa una nueva emisión con contenido moderado alto” y a las 13:32, “continúa emisión de ceniza”.

¿Continúa emisión?, ¿se pudo observar? Una vocería para la emergencia del Cotopaxi debiera explicar y no decir lo obvio. Los borbotones grises, oscurísimos, continuaban hasta las 17:00, sin que la Cartera de Estado emitiera un informe técnico desde el de las 07:00 (boletín 13). 10 horas sin explicación.

Cierto que el Ministerio, convertido en portavoz por Decreto el 15 de agosto, ha llenado su Twitter con acciones y consejos. Pero sus informes técnicos son extemporáneos. Hay que evitar el pánico, pero una manera de evitarlo es dar información suficiente. La prensa puede contribuir a la calma. Miren los archivos, el manejo de los casos Pichincha y Tungurahua.
El manual de Gestión de la información en emergencias y desastres de la OMS/OPS es preciso: “Las acciones y los equipos de comunicación no se improvisan”.

“Los medios de comunicación masivos deben ser aliados fundamentales”, agrega. Y tiene claro qué busca la prensa: “Información a tiempo, transparente y actualizada con regularidad”. “En una emergencia, los medios cumplen una función social y se convierten en un instrumento de primera mano que llega efectiva y rápidamente a la población”. “De igual forma, constituyen un instrumento de crítica y denuncia cuando se intuyen irregularidades en la emergencia”.

Sí, la OMS lo tiene claro. “Función social”, “rápidamente”, “crítica”... tareas esas del periodismo, atenuadas si ante un desastre se instaura una vocería política y no técnica, entre la censura previa y la excepción.