César Augusto Sosa

Se perdieron seis años

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El objetivo de ofrecer a los ciudadanos un nuevo medio de pago como el dinero electrónico ha sido frustrado por sus propios promotores, quienes pasaron seis años experimentando sobre quién debía manejarlo.

A finales del 2014 se lanzó oficialmente el dinero electrónico en Ecuador, bajo el control exclusivo del Banco Central. Sin embargo, la iniciativa se remonta al 2011, cuando fue bautizada como billetera móvil, cuyo manejo estaría a cargo de la banca privada y de empresas de telefonía celular.

El entonces presidente del Banco Central, Diego Borja, hizo todo lo posible para que este último plan no funcionara y lo logró, hasta que dejó el cargo. Su sucesor, Pedro Delgado, quiso sacarlo adelante de la mano del sector privado, pero su paso por el Banco Central terminó abruptamente en diciembre del 2012. De ahí en adelante se retomó la línea de Borja, pero con otros funcionarios que armaron el plan para que el Banco Central monopolice el proyecto.

No faltaron los elogios para defender tal decisión. Se dijo que Ecuador sería el primer país “en el mundo” en tener dinero electrónico como un “servicio público”. También se dijo que sería accesible para todos y que serviría para vincular a los más pobres, quienes no acceden al sistema bancario. Además, que al no ser un negocio privado se reducirían los costos.

Se invirtió cerca de USD 5 millones en la plataforma de dinero electrónico. Y al cabo de casi tres años, la inclusión de los más pobres no se logró, el número de cuentas fue mínimo, la población no mostró interés en usarlo y apenas registró el equivalente a USD 10,5 millones en dinero electrónico, que representó un 0,02% de la liquidez total del sistema.

Los números no podían estar peor y obligaron a un cambio de rumbo. El nuevo Gobierno -que mantiene a las autoridades que impulsaron el proyecto fallido- tomó la decisión de dejar a la banca privada y a las cooperativas el manejo del dinero electrónico. Los resultados se verán en el 2018.