Dimitri Barreto P.

Los homicidios en Quito

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Las altas tasas de desempleo juvenil. La debilidad crónica de las instituciones de seguridad y justicia. La inequidad económica y social. Y la urbanización no regulada. Esos factores explicarían porqué urbes como San Salvador, Caracas, San Pedro Sula o Acapulco son peligrosas en América Latina.

Aquello consta en un estudio hecho por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Instituto Igarapé y el World Economic Forum, que destaca casos exitosos de resistencia al crimen en 10 ciudades: La Serena, Rancagua, Talca, Antofagasta y Temuco (Chile); Bahía Blanca (Argentina); Garza (México); y Quito, Ambato y Cuenca (Ecuador).

¿Quito? Los datos de ese estudio, difundido este junio, son del 2014. Calzan con la información del Ministerio del Interior de Ecuador, el cual da cuenta de que en el 2014 Quito tuvo una tasa de 5,75 homicidios por cada 100 000 habitantes (en el 2010 la tasa fue de 11,86 y en el 2015 fue de 4,74).

La estadística pública del Ministerio de Seguridad de Ecuador ofrece datos oficiales provinciales. Acá una actualización: Pichincha, donde el 87% de la población reside en Quito, reportó un aumento de homicidios este 2016: de 56 hechos entre enero y mayo del 2015 a 63 homicidios en igual período del 2016.

En Tungurahua -su capital es Ambato- y en Azuay -con Cuenca- también se incrementaron los casos este año. Así reza en las estadísticas de los Indicadores del Sector Seguridad del Régimen. Pero en materia de seguridad no bastan números, sino contextos. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) ha identificado que en Quito se producen más homicidios por razones de convivencia (riñas, violencia intrafamiliar) que por delincuencia.

6 de cada 10 homicidios en Pichincha son perpetrados con armas blancas, frente a uno de cada 10 con arma de fuego. En Guayas, 7 de cada 10 se cometen con armas de fuego. Meros datos para asimilar que este no es un territorio seguro y que no bastan empleo, policías y equidad para hacer frente a la escasa capacidad de resolución pacífica de conflictos en la sociedad.