Walter Spurrier

De amistad para Quito

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1 de May de 2012 00:01

Por primera vez, el miércoles 18 llegó a Quito un cargamento de gas natural (metano) extraído del Golfo de Guayaquil. Lo recibió Edesa, fábrica de cerámicas al sur de la ciudad. Recibirá un tanquero diario, que sustituye al GLP (mezcla de propano y butano) importado.

Cuenca es pionera en el uso industrial del gas, que recibe desde el Oro mediante un ‘gasoducto virtual’ de tanqueros.

En estos días Quito sufrió de escasez de GLP, que se buscó remediar con el expendio de cilindros al consumidor desde camionetas repartidoras.

El país es deficitario en gas. La diferencia entre lo que se paga por la importación y lo que se cobra al consumidor residencial fue de USD 717 millones en el 2011.

Somos importadores porque nuestras leyes y administraciones públicas sólo piensan en petróleo.

Los contratos con las petroleras privadas rezaban que el gas es del Estado, no de la empresa. Los pozos petroleros producen gas asociado, y como para las empresas eso valía cero, lo quemaban. Si se les hubiese comprado el gas a un precio que cubriese costos y un poco más, hubiésemos tenido gas nacional más barato que el importado.

A la postre el Estado construyó una planta para aprovechar el gas asociado de Shushufindi. Pero no se aprovecha el gas de otros campos. La planta funciona a media llave.

La flamante legislación de hidrocarburos deja a Petroecuador como tenedora de acciones y Petroamazonas como la operadora en producción petrolera. Otras filiales se encargan de la refinación y comercialización de derivados de petróleo.

No hay una filial para gas.

Una vez comprados los derechos de EDC en el bloque costa afuera en el Golfo de Guayaquil, los trabajos de Petroecuador revelaron que el campo Amistad es más rico de lo que se pensaba; que se requiere un segundo gasoducto a tierra; que hay estructuras que insinúan la presencia de otros campos, tanto hacia al sur cruzando la frontera, donde Perú lo explota desde hace décadas, como hacia el norte, en dirección a los campos de Ancón, pasando por Puná.

El fracaso de Pdvsa en Puná, donde tuvo que abandonar el pozo antes de llegar a la formación en que se esperaba encontrar hidrocarburos, se debió al desconocimiento de los venezolanos, que prescindieron de los ingenieros petroleros nacionales con experiencia en el Golfo.

Buscar gas en el Golfo y aprovechar cabalmente el gas asociado en el Oriente requiere una filial de Petroecuador que tenga como misión la autosuficiencia en gas. El país se ahorraría onerosas importaciones. El gas, menos contaminante del aire que la gasolina y diesel, podría utilizarse como combustible en el transporte público. Además, para generar termoelectricidad, liberando petróleo y derivados para la exportación.

Urge la conformación de una subsidiaria de Petroecuador para el gas.