Enrique Ossorio

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En tiempos en los que parece estar en juego los destinos de los gobiernos populares en la región, el último informe realizado por Latinobarómetro, muestra una serie de resultados muy auspiciosos para el Ecuador, que merecen ser resaltados (ver resultados). Y más aún teniendo en cuenta que los evaluadores no son consultoras internacionales u otras organizaciones con sede en países centrales, sino que el estudio se nutre de la propia ponderación de la ciudadanía.

Latinobarómetro es un estudio que aborda los últimos 15 años y cuya elaboración contó con la realización de alrededor de
20 000 entrevistas en 18 países de América Latina representando a más de 600 millones de habitantes.
De allí surge que la percepción de los ecuatorianos respecto a que el Gobierno trabaja para el conjunto de la población y no para una fracción de ella es la más alta entre los países estudiados (detrás de Ecuador se encuentran, por ejemplo, Uruguay, Bolivia y Nicaragua) a diferencia de etapas anteriores donde la mirada era contraria. Otro dato que arroja el informe versa sobre la reducción de la corrupción en los últimos dos años. Allí una vez más, Ecuador lidera el ranking. Hay más aspectos que se podrían destacar y que ilustran el cambio de época que implicó el Gobierno de la Revolución Ciudadana.
Vale destacar también que el país también lidera los sondeos sobre la distribución de la riqueza. Sin dudas, los datos se vuelven reveladores si se tiene en cuenta la historia reciente de los ecuatorianos, donde hasta hace menos de una década se vivía al borde del abismo político, luego de sufrir la sucesión de siete presidentes en una década e incontables denuncias de corrupción. La salida estaba en el aeropuerto y no al interior de las fronteras de la Nación.

Los temas que recoge el análisis revelan la evolución de distintas aristas de un proceso político complejo, que tras ya varios años de desarrollo, indican que las transformaciones fueron más allá de lo de económico, teniendo un cariz ético importante. Significa que a pesar de haber discrepancias, la sociedad ecuatoriana, en gran medida, sabe que las políticas públicas son diseñadas con el acento puesto en el pueblo y no en determinados sectores. En definitiva, Ecuador ha levantado su autoestima y mira al futuro con mayor proyección que en décadas anteriores.

El fantasma de una restauración conservadora atraviesa América Latina, pero no necesariamente de la mano de los pueblos sino más bien impulsados por sectores que no parecen pretender que se gobierne incluyendo a las mayorías y por eso es preciso retomar estos indicadores porque hablan de que la sociedades evalúan positivamente los procesos transformadores que recuperan y amplían derechos y fortalecen la soberanía de nuestras naciones.

La mejor nota no es solo haber obtenido el primer lugar en el estudio comunicado recientemente sino que esa calificación la hizo la propia población.