Carlos Larreategui

La ambición es ciega

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23 de May de 2012 00:01

Ante la proximidad de los comicios generales del 2013, las primeras fichas han comenzado a desplazarse en el tablero electoral. Se han anunciado algunas precandidaturas mientras los sectores más radicales de izquierda han decidido trabajar responsablemente en un programa político como paso previo al lanzamiento de sus candidatos. Resulta verdaderamente patético constatar que los personalismos y las ambiciones grupales prevalecen nuevamente sin reparar en la peligrosa coyuntura que vive el Ecuador.

Un capítulo especial merece el señor Álvaro Noboa y su juguetito llamado Prian. Desde su aparición en el escenario político, el empresario sigue dominado por su obsesión de comprar la Presidencia a cualquier precio. En todos estos años, Noboa ha recurrido a las peores prácticas del populismo redentor y ha entremezclado sin pudor intereses públicos y privados. Su recurrente intervención electoral y los millones que reparte para aprovecharse de la marginación y desesperanza de muchos ciudadanos, han perturbado seriamente el sistema político nacional. Por enésima ocasión, Noboa lanza su candidatura y convoca, a título personal, a una gran asamblea nacional para hacer del Ecuador un país del Primer Mundo. Si se piensa que con Alianza País se ha visto todo en materia de cacicazgo, sugiero examinar al Prian para constatar hasta qué punto se puede ejercer el control personal de un partido político. Con su candidatura, Noboa conspira nuevamente contra la institucionalidad del Ecuador y facilita la prolongación del autoritarismo.

Entretanto, varios francotiradores han anunciado por cuenta propia su candidatura presidencial. En todos ellos se advierte, sin embargo, la ausencia de un proyecto político y la carencia de estructuras orgánicas. Su propuesta se limita a la iluminación de los candidatos, quienes, al igual que Rafael Correa, se presentan como redentores y salvadores de la nación. Mientras declaran estar dispuestos a consensuar y forjar alianzas con otros movimientos, sus esfuerzos se dirigen exclusivamente a fortalecer sus candidaturas sin considerar la peligrosa fragmentación que provocan. En contraste, los grupos radicales de izquierda trabajan en tesis antes que en candidaturas.

Más allá del realismo y modernidad de sus posturas, estos grupos han dado una lección de madurez política.

Con un panorama así, la reelección de Rafael Correa está casi asegurada. Y aunque AP no vuelva a contar con una mayoría absoluta en el Parlamento, la multitud de candidatos provocara la fragmentación del Poder Legislativo. Bajo ese horizonte y sin un proyecto conjunto que privilegie la reconstrucción de las instituciones, Correa seguirá imponiendo su voluntad apoyado en el aparataje jurídico que ha venido construyendo desde el 2007.