Andrés Jaramillo

Alianza País repite el libreto de hace 10 años

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Cuando el movimiento oficialista Alianza País (AP) ganó por primera vez la Presidencia, hace poco más de 10 años, el país estaba resquebrajado. Tres presidentes habían sido derrocados entre 1996 y 2005. Los partidos tradicionales pasaban por su peor momento y la institucionalidad estaba trastocada.

A. País se mostró entonces como el movimiento del cambio; el que podía volver a unir al Ecuador. Buscó -y logró- el apoyo del movimiento indígena, de las organizaciones de la sociedad civil, de los maestros, de los sindicatos, de los grupos de defensa de las mujeres y de una facción ‘progresista’ del empresariado.

El movimiento era consciente de que recuperar la gobernabilidad dependía en buena medida de la inclusión de los sectores que en otrora fueron determinantes en la caída de los mandatarios.

Además, que era vital para la administración una participación directa en la toma de decisiones. Por eso incluso se consideró a figuras de esos frentes para armar el primer gabinete de Gobierno.

Luego, de forma paulatina, los promotores de esa apertura del diálogo nacional salieron de AP. El Gobierno no solo se alejó de los sectores con los que llegó al poder, sino que logró dividirlos, como una continuación de esa estrategia para lograr la gobernabilidad, hasta llegar a la actual polarización, que se vio reflejada en las elecciones generales pasadas. Casi una mitad del país optó por una opción diferente al actual modelo.

En esas circunstancias, AP trata de repetir el libreto. Nuevamente habla de diálogo nacional, de un reencuentro por los objetivos nacionales, de una reconciliación con los grupos que ahora podrían convertirse en una piedra en el zapato del nuevo Régimen.

Aunque ahora hay otros protagonistas. Lenín Moreno, presidente electo, tiene la responsabilidad de despejar si -como en el pasado- este llamado es solamente parte de la misma estrategia política de AP de los últimos años o hay un verdadero interés de cambio.