Milton Luna

Chuchaqui moral

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Uno de los sustentos del populismo es la relación pasional y embriagadora entre el caudillo y la multitud. Pero como toda relación, tiene sus ciclos. Del amor enceguecido se pasa, por múltiples causas, al aburrimiento, a la decepción y al divorcio. El desencanto evoluciona. Va de leve a muy fuerte.

La borrachera no es un estado permanente. Algún momento pasa y viene el chuchaqui, la resaca o el guayabo (como dicen de manera simpática los colombianos). Según el grado de alcoholización viene el nivel del chuchaqui. Si tomaste hasta “el agua de los floreros”, la resaca será brutal. Pero si además de tomar como cosaco, perseguiste libidinosamente a la hija de la dueña de casa y te trompeaste con su papá y su hermano, tendrás, al día siguiente, no solo consecuencias en el cuerpo, sino en el alma. Te sentirás fatal. No sabrás dónde meterte. Te maldecirás y tendrás ganas de “ahorcarle” a quien te dio tanto de beber… Eso se llama chuchaqui moral.

“Como nunca antes en la historia” (frase muy querida por los militantes de Alianza País, AP), el grado de embriaguez de la multitud ha sido muy alto en los últimos años. El doctor Velasco Ibarra, el más grande de los populistas de la historia nacional, quedó “tachuela” frente a la revolución ciudadana. Pero,… cuidado, ya hay síntomas de guayabo, pero no del leve, sino de chuchaqui moral, en diversos sectores de la población. Los primeros en experimentarlo fueron los jóvenes, aquellos que creyeron en la ilusión del Yasuní creada por AP. Los recientes son los jubilados del IESS, y en estos días los maestros de la UNE, cuyo Fondo de Cesantía de manera violenta salió de sus manos.

Por el momento, la decepción y quiebra de confianza entre el caudillo y la masa, se expresa en mofa y riña contra el poder y su corte. Esta semana le tocó el turno en las redes sociales a la Presidenta de la Asamblea a propósito de su graduación como licenciada. En efecto, esta respetable señora recibió de todo frente a su nuevo estado académico. La duda fue lo más destacado: ¿Cuánto sacó en ese examen ENES?, con tantas ocupaciones, ¿cuándo estudió?, ¿dónde hizo sus prácticas preprofesionales?, ¿podemos ver su tesis?, “le he visto solo dos veces en la universidad”. Una estela de broma e incredulidad rodea el hecho, que pudiendo ser legal y legítimo, no importa para la masa. Así, a la nueva licenciada se le desvanece su probable candidatura para Carondelet.

De este “chuchaqui moral de la multitud” (alargando el concepto del historiador inglés E.P. Thompson) no se dan cuenta los gobiernistas. Siguen con la muletilla de cargar el muerto de su desplome a la “prensa corrupta” y a la difusa oposición.

Lo cierto es que el poder no tiene sucesor. El señor Presidente está condenado a ser candidato, en un entorno de creciente guayabo moral de las masas.