Jorge León

Otra Alianza País

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Excelente idea tuvo Rafael Correa de crear una nueva organización con las personas que siguen sus consignas de gobierno y no ven de buen ojo las propuestas y acciones de Lenín Moreno. Eso permitiría esclarecer a la par, la organización en el gobierno y en el sistema de partidos.

AP fue un aparato de gobierno, más bien compuesto de burócratas y de electos funcionales a un gobierno y en particular al presidente caudillo, hecho para seguir las consignas de arriba y de disponer de ejecutores, hasta en la repetición del mismo discurso de propaganda. Además, en la lógica caudillista logró amplios sectores sociales de seguidores, el discurso tan lleno de esperanzas de Correa logró gran impacto gracias a la abundancia de recursos petroleros que volvían posible que la lotería llegue a mucha gente. Así el caudillismo logró raíces gracias al generoso clientelismo de alguien que hizo del gasto un hecho fácil, sin priorizar el sistema que genera la riqueza para ello.

Ahora que la realidad cambió, formar un partido con un mínimo de realismo modifica las reglas del juego y al fin veríamos lo que otra AP puede ser. No aquella fundada en un estadio con miles de personas que apoyaban un gobierno y un nuevo caudillo, que sin conocer los estatutos ni el programa aprobaron un nuevo partido.

AP actual o la que quedaría con el gobierno, tendría que modificar estatutos, plan y organización para que la democracia no sea simple discurso. Tendría que claramente definirse frente a las medidas del gobierno, entre otras aquellas sobre la corrupción, para no seguir de frente de defensa de los funcionarios del gobierno anterior que algo o mucho esconden y a alguien de arriba protegen. La actual AP es un peso para Moreno, es su oposición decisiva. Disponer de un partido renovado, funcional a un país real, le daría seguidores y simpatizantes más elaborados en sus posiciones o más activos que aquellos que siguen creyendo que se necesita un caudillo para resolver los problemas sociales. Abandonar los redentores fue una condición para que las sociedades se doten de futuro propio.

Hay empero un problema que requiere tino para resolverlo: la mayoría en el Legislativo, aunque no es seguro para nada que la mayoría de AP seguiría a Correa en su nueva organización. Una AP democrática como organización con el gobierno suscitaría más fácilmente disponibilidad para alianzas y acuerdos de gobierno con otras tiendas políticas. Ante todo lograría adhesión popular y legitimidad, la cual posiblemente el gobierno actual ya captó que le puede ser su más importante recurso para gobernar, aún con medidas complicadas para la vida de la mayoría. Sin embargo, esta situación no es eterna. Ahora dispone de ella en abundancia. Le conviene aprovechar el momento. Los tiempos son tan importantes en política.

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