Marcelo Ortiz

Alcoholismo y marihuana

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Hace 302 años, en Madrid se expidió un Decreto Real –fue el 17 de agosto de 1714- para prohibir la fabricación de aguardiente de caña en la jurisdicción de los dos grandes Virreinatos de Nueva Granada-Bogotá- y también del Perú-Lima, porque reconoció el Rey español Felipe V que ocasionaban mucho daño en personas y familias: “mando a mis Virreyes del Perú y Nueva España, audiencias, gobernadores y Alcaldes mayores, que por ningún caso, forma, ni manera alguna permitan, consientan ni toleren la fabricación de dicho aguardiente de caña”.

En el actual siglo XXI, todavía continúa el consumo creciente de bebidas alcohólicas diversificadas en procedencia; y por tanto, de marcas y nombres diversos, con alto contenido alcohólico que llega al tope de los 40 grados; mientras el consumo de vinos tiene en grados tres veces menos. Si bien esta costumbre ha ido creciendo en porcentaje, sin que todavía se publiquen datos estadísticos actualizados, hay que referirse a otra droga ilícita como es la marihuana, cuya adherencia se ha extendido en la población juvenil ecuatoriana.

Afirma el expresidente de la Sociedad Ecuatoriana de Psiquiatría Biológica, Pedro Posligua, que los jóvenes interpretan que esta droga está permitida. La Secretaría Técnica de Drogas el 2015 tomó una muestra de 11 885 estudiantes de 33 centros que declararon el 9.54 por ciento que consumían marihuana; y en el cuarto estudio nacional hecho el 2 013 sobre el uso de drogas entre personas de 12 a 65 años en 53 ciudades, y con el universo de 10 976, se determinó que la marihuana es la más consumida en el país, y un 5.3 por ciento de entre 295 279 de los encuestados reconoció haber fumado marihuana al menos una vez por el hecho de la curiosidad, novedad o adaptación en grupos.

El promedio de edad al primer consumo es de 15.5 años en Quito y de 14.5 en Guayaquil. Según estudios realizados, los efectos negativos del consumo regular es la grave afectación al desarrollo intelectual. Los análisis del King’s College de Londres y de la Universidad Queenisland de Australia, en investigaciones de un período de 20 años -1993 y 2013- sobre los efectos que tiene la marihuana en la salud, determinaron que quienes empiezan a consumir en la adolescencia están más expuestos a mostrar síntomas de dependencia con episodios psicóticos, así como problemas de memoria; y que el desarrollo intelectual se afecta gravemente, reflejándose en un menor rendimiento escolar.

Esta cruda realidad, que viene atada a la pobreza y también a la abundancia, debe motivar de inmediato y en el grado de urgencia para ejecutar una política de prevención; y actuar en un serio control de establecimientos educativos secundarios en las tres regiones del país y en Galápagos.