Ana María Correa Crespo

Al pan pan, y al vino vino

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1 de August de 2013 00:02

Resultan bastante hipócritas las razones detrás del anuncio realizado por el oficialismo de que buscarían reformar la Constitución para permitir la reelección de Correa, en vista de que la denostada "prensa corrupta" ha aupado la intención de Nebot de lanzarse a nueva elección para alcalde.

Señalando el supuesto doble estándar de la prensa, han argüido tener el sustento intelectual y moral perfecto -el de la continuidad- para emprender en dicha reforma, a pesar de que el Presidente había dicho enfáticamente que se retiraba al final este período, inclusive que abandonaría el país para no ejercer el rol de Presidente a la sombra, y que si AP no tenía la capacidad de generar un sucesor político para su potente figura, esto significaba un estruendoso fracaso para el movimiento político.

Por tanto, el reciente anuncio risueño dado por el Presidente y por el Secretario de AP resulta una mofa. Sería más honesto afirmar que esa siempre fue la intención, y que simplemente esperaban la excusa perfecta para hacerla pública. ¿Alguien puede creer de buena fe que las razones inicialmente concedidas por el Presidente dejan de ser importantes tan fácilmente por un acto cometido por "bestias salvajes"? ¿Es tan frágil su compromiso familiar que este cambia según el viento del día que le sopla a la prensa "mercantilista"? ¿Se guía el Presidente por sus designios? El país pensaba que no… Acá no hay doble estándar. La semejanza entre ambos caudillos es tal que en ninguno de los dos casos han podido generar figuras alternativas que puedan procurar la continuidad de sus respectivos proyectos.

El liderazgo de Nebot en Guayaquil ha llegado a un tope, por su propio ensimismamiento. Guayaquil necesita una renovación. El hecho de que no exista un relevo del Alcalde de sus filas habla mal de su capacidad de institucionalizar los cambios positivos emprendidos en la ciudad.

Del otro lado, resulta vergonzoso que un Presidente trunque su palabra sobre un tema tan trascendente, con base en una "revancha" autoforjada contra su enemigo político inexistente: la prensa del país.

Presidente, si su intención siempre fue eternizarse en el sillón presidencial, sería más presentable que lo dijera con total franqueza en lugar de inventarse excusas salidas del sombrero de algún mago decadente.

Pero está claro, tanto Nebot como Correa en sus personalismos, se miran a sí mismos como mesías, como agentes únicos de transformación sin relevo posible. Ninguno de los dos cree en la importancia del robustecimiento institucional. Ambos parten de una matriz política tradicional, conservadora y caudillista que desprecia el concepto de la alternancia en el poder.

Así es que por qué no empezamos a decirle al pan pan, y al vino vino.