Enrique Ossorio

Ajuste a la carta

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Luego de más de una década de sinsabores, distintos grupos concentrados de poder en la región recuperan posiciones sirviéndose de un menú variopinto para cumplir sus objetivos económicos y políticos. Con la paciencia agotada, frente al avance de gobiernos populares que ampliaron derechos y avanzaron en una distribución más equitativa de la riqueza, dichos poderes económicos se han lanzado a la tarea de conseguir -por todos los medios- que el fiel de la balanza vuelva a volcarse para su lado.

El avance de las políticas restauradoras del orden neoliberal ha crecido de la mano de distintos mecanismos, no siempre amparados por la legalidad, aunque con creciente legitimidad gracias a los medios de comunicación que han venido colaborando en la demonización de los dirigentes populares a los que han decidido sepultar.

Hace unas semanas desde esta misma columna realizamos un llamado de atención por las dificultades padecidas por la Presidenta de Brasil, finalmente suspendida en su cargo, instando a no permitir que el controvertido ‘impeachment’ deje de ser noticia y que evitemos el efecto eclipse que oculta la intención golpista de una élite brasilera encabezada por Temer.

Estos movimientos de cambio, espontáneos y no tanto, produjeron también el fin del ciclo kirchnerista en Argentina que -pese a haber generado transformaciones positivas para la población- perdió las últimas elecciones con la fuerza Cambiemos, encabezada por el actual presidente, Mauricio Macri. Un avance de las políticas de ajuste y achicamiento del Estado que en el país de Messi se instaló por la vía democrática.

En el mismo sentido, en lo que significa un paso más en el avasallamiento de las libertades democráticas, la afrenta liberal viene avanzando con el objetivo de poner fin al mandato presidencial de Nicolás Maduro en Venezuela, con el atenuante de que ya no será por las urnas en forma directa, ni por un quiebre en la correlación de fuerzas internas, sino que el avance toma impulso desde afuera.

Con el empuje de la OEA, que en la figura de su Secretario General ha invocado la Carta Democrática para Venezuela, se intenta presionar para la realización del referéndum revocatorio contra Maduro, amenazando con abrir un proceso que puede llevar a la suspensión del país en el organismo. Lo que distingue el caso de Venezuela, es que si bien el objetivo es el mismo, a diferencia de Argentina y Brasil, la invocación de la Carta Democrática, apoyado por varios países vecinos, conlleva una inexplicable intromisión que pretende desconocer la voluntad del pueblo venezolano que también eligió un presidente para cumplir enteramente su mandato.

Asimismo, la oposición en Ecuador le ha pedido a la OEA que monitoree el proceso electoral en el país, hecho que recibió críticas por parte del presidente Correa. En realidad, el objetivo parece ser echar un manto de duda sobre los comicios, deslegitimándolos desde el inicio.