Alfredo Negrete

El ajedrez colombiano

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La historia violenta de los últimos 60 años en Colombia puede resumirse como un cruel juego de ajedrez entre el Estado y las Farc. Ojalá se hayan jugado las últimas fichas de la guerra y se arribe a una difícil paz, pero paz al fin. Una especie de “tablas” en el argot del juego- ciencia.

Por eso es necesario desagregar las etapas anteriores al alto al fuego en La Habana. En la historia continental Colombia ha sido uno de los países que más ha sufrido la violencia política. La lucha entre liberales y conservadores fue más intensa que en otras geografías, incluso registradas en el contexto de algunas obras de Gabriel García Márquez, El Coronel no tiene quien le escriba y su histórico gallo, pueden ser un fiel testimonio. Sin embargo, para una mejor comprensión debe partirse del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán el 9 de Abril de 1948 y el estallido violento que significó “El Bogotazo”; súmese la creciente demanda por tierras de grandes sectores campesinos, la particular división de la geografía colombiana, la exclusión del partido comunista del Frente Nacional, así como las represión sin límites durante los gobiernos de Laureano Gómez y del General Rojas Pinilla. Suficientes elemento para acunar a la guerrilla más fortificada y antigua de América Latina.

La historia empezó a virar sus páginas en los tiempos actuales con la implantación del Plan Colombia de los EEUU que causó una inclinación de la balanza en el plano militar; luego, la filtración de los intereses del narcotráfico significó un impacto moral en la utopía revolucionaria. Empero el giro radical para empezar a vislumbrar un proceso de paz se dio con el ascenso al poder del presidente Juan Manuel Santos. Cosa curiosa que el ministro de defensa del radical guerrerista presidente Alvaro Uribe se convirtió en un promotor y ejecutor de las conversaciones de paz. Debe añadirse a la lista de sorpresas históricas de este proceso la activa presencia de actores internacionales en Oslo y luego en La Habana. En la firma del acuerdo de “alto al fuego”, fue trascendente la presencia de mandatarios de Chile, Noruega, México y por su puesto de Venezuela. Ecuador no estuvo. No se trata del acuerdo final, pero la presencia de actores de primera línea en el ámbito mundial genera un entorno que extraña a Venezuela, donde la violencia espera agazapada para devorar lo que queda de la Carta Democrática Interamericana.

El efecto sobre la geografía ecuatoriana es difícil de analizar, pero los tiempos del proceso son largos y deben permitir armar con tino una estrategia nacional en la frontera norte que se convierta en política de Estado. Satisface el inicio de la paz vecina, pero es necesario estar atentos a los costos de la frontera común. Al inicio del Plan Colombia ese país recibió una compensación de USD 13 millones , uniformes y carros militares usados.

anegrete@elcomercio.org