Jorge Ribadeneira

Aires de reelección

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21 de October de 2012 00:02

Buscar la reelección presidencial es la tarea actual del Gran Jefe de los Unites States, el afrogringoide histórico Barack Obama. Lo mismo hicieron desde la fundación todos -o casi todos- los gobernantes de la potencia y la mayor parte consiguió su objetivo, lo cual no está fácil para el habitante actual de la Casa Blanca.

Una reelección, no más, acepta la única Constitución estadounidense -con varias enmiendas- vigente en la historia de ese país. Un republicano mormón muy ricacho, Mitt Romney, casi se daba por muerto cuando resucitó en el primer debate y puso emoción en el tendido. Obama suda porque no quiere ser uno de los pocos presidentes usamericanos derrotados en su segundo intento.

Mientras tanto ¿cómo se maneja en su calidad de gobernante y candidato? Se han repetido tanto esos casos desde 1776 hasta el 2008 que las reglas se han ido configurando, limando y consolidando y ya se sabe -en términos generales- lo que puede hacer el Jefe para no provocar protestas mayores de los adversarios clásicos. Los comentarios dicen que si hay alguna ventaja pero no de bulto -ni inventada a última hora- para el que está en el potro.

Todo el proceso es parte de la estabilidad clásia de un país que tuvo excelentes fundadores y luego gobernantes buenos, regulares, malos y hasta feos, ganándose más pifias que aplausos en el resto del mundo. Esa es la suerte de los imperios.

En nuestro Ecuador del alma ya vamos por la Constitución 20 y talvez algo más. Generalmente ni los presidentes ni los dictadores duraron mucho en Carondelet. Tuvimos gobernantes de clase A, B, C y hasta D, pero en nuestra historia no soportamos, felizmente, Trujillos ni Stroessner ni Gómez. Al contrario, la ,inestabilidad fue una clave, como lo certificaron el ‘Profeta’ Velasco Ibarra y otra decena.Hubo mucha desconfianza para la reelección, pero esa norma es hoy lo destacado.

El Jefe será candidato el 10 de noviembre. Correa se blindó contra las caídas -y salvo la asonada del 30 S- ya no teme ese peligro. Más bien consideró que su popularidad era incompatible con los tristes cuatro años de costumbre y va en pos de los diez y no más.

No hay duda de que es un presidente que pesa y mantiene una campaña permanente, simbolizada por las sabatinas y las vueltas al país, pero también con obras y una dosis de populismo; además, blindado con varios triunfos en las urnas, respaldado por los poderes del Estado -incluso metiendo la mano en la justicia, según sus palabras-, con un movimiento que no quiere ser partido pero agita y reúne a las masas al menor gesto, con casi todo a favor y con la oposición dividida.

Sin ningún rival de peligro a la vista y -según su versión- con la prensa independiente como única "enemiga" pero con una colección de medios a favor. Con semejante panorama ¿la suerte está echada?. Ya hablaremos algo más sobre los reeleccionistas.