26 de January de 2011 00:00

Agítese antes de usar

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Si usted desea algo de alto poder incendiario ponga en un recipiente algo de racismo, sincretismo religioso, sectarismo, odios o resentimientos y agítelo de manera constante y permanente. Le aseguro que la combustión será tan grande que ni siquiera quien lo agitó estará a salvo de sus consecuencias. La historia nos cuenta que los seres humanos han buscado incesantemente corresponderse a su tiempo en función del odio hacia el otro, al distinto y en ese afán echaron mano a ideas racistas con las que detuvieron por un tiempo la realidad pero fueron incapaces de construir sociedades más justas y progresistas.

Muchos asesores le dijeron a Mandela liberado que debía cobrarse no solo los años de prisión que el líder sudafricano pasó, sino las terribles experiencias del Apartheid en ese país produjeron sobre la mayoría segregada negra.

El mérito de Mandela es no haber seguido el mismo curso que la historia había trazado en circunstancias iguales.

Buscó conciliar las varias sudáfricas para construir una nación distinta de la que él y millones de negros habían sido víctimas.

Hacer lo mismo hubiera significado legitimar a los verdugos desnaturalizando su causa.

En varios países de América Latina vemos hoy una política opuesta. De confrontación, de lucha, de descalificación y por sobre todo de constante y permanente agitación.

Les aseguro que lo único que producirán es justamente todo lo contrario a aquello que les llevó a convertir su actual política en catecismo democrático.

Pero no habrá más desarrollo ni prosperidad para su República.

El miserable Jean Claude Duvalier volvió en estos días a ver su miserable país. Más pobre, más violento, más sectario. Mas todo lo peor que había significado su dictadura y la de su padre por mucho tiempo. Construir democracia es acostumbrarse a escuchar lo que a uno no le gusta, a tolerar lo intolerable, a disentir sin violentar pero por sobre todo a huir de la tentación autoritaria con la que el poder inviste de manera embustera a todos los que lo ejercitan circunstancialmente.

Esto es un desafío cultural que excede en mucho lo político y requiere un salto de madurez nada fácil en sociedades tan jóvenes y adolescentes como las nuestras.

Por esas mismas razones agregar elementos combustibles a una región seca y vacía de elementos nutrientes de desarrollo y crecimiento cultural solo consigue agregar más inestabilidad e incertidumbre para todos, incluido a los agitadores ocasionales que probablemente vean a la distancia y en el exilio el resultado de sus políticas altaneras, excluyentes y soberbias.

Es bueno leer la historia pero más importante es entender el presente.

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